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The ConsciousLibrary
Plato
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Chapter 36 of 39

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Extranjero. -Si no se refiriese a nadie, no habría absolutamente discurso, porque hemos hecho ver que es imposible un discurso sobre la Nada.

Teetetes. -Exacto.

Extranjero. –Pero, cuando se dice, respecto a ti, cosas distintas, como si fuesen las mismas, cosas que no son, como si fuesen, ¿no es claro que una combinación de verbos y de nombres, formada de esta manera, tiene que ser, real y verdaderamente, un falso discurso?

Teetetes. -Es completamente verdadero.

Extranjero. -¿Pero no es evidente que el pensamiento, la imaginación, la opinión, y todos estos géneros se producen en nuestras almas, tan pronto falsos como verdaderos?

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -El medio más seguro de comprenderlo es examinar la naturaleza de cada una de estas cosas, y en qué se diferencian las unas de las otras.

Teetetes. -Pues bien, guíame un poco.

Extranjero. -Digo, pues, que el pensamiento y el discurso no forman más que uno. He aquí toda la diferencia. El diálogo interior del alma, el que tiene consigo mismo, sin el auxilio de la voz, es lo que se llama pensamiento.

Teetetes. -Muy bien.

Extranjero. -El soplo que el alma exhala par la boca, articulándolo, es lo que se llama discurso.

Teetetes. -Es cierto.

Extranjero. –Además, sabemos que en nuestros discursos se encuentra lo siguiente.

Teetetes. -¿Qué?

Extranjero. -La afirmación y la negación.

Teetetes. -Lo sabemos.

Extranjero. -Y cuando la afirmación o la negación se producen en el alma, mediante el pensamiento y en silencio, ¿cómo llamará esto sino el juicio?

Teetetes. -Bien.

Extranjero. -Y si esta manera de ser es producida, no tanto por el pensamiento, como por la sensación, ¿hay un nombre que le cuadre mejor que el de imaginación?

Teetetes. –No lo hay.

Extranjero. -Por consiguiente, puesto que el discurso es verdadero o falso, y puesto que el pensamiento es como el diálogo del alma consigo misma, el juicio, el término del pensamiento, y la imaginación, de que hablábamos antes, mezcla de la opinión y de la sensación, todas estas diversas operaciones, a causa de su parentesco con el discurso, han de ser también, a veces, falsas, por lo menos alguna de ellas.

Teetetes.-Nada más cierto.

Extranjero. -Ya ves que hemos descubierto el falso juicio y el falso discurso, más pronto de lo que suponíamos, a causa de la creencia, en que estábamos, de que esta indagación era superior a nuestras fuerzas.

Teetetes. -Ya lo veo.

Extranjero. -Acabemos resueltamente lo que nos queda por hacer. Y después de esta averiguación, recordaremos nuestras precedentes divisiones, por especies.

Teetetes. -¿Cuáles?

Extranjero. -Hemos distinguido, en el arte de hacer imágenes, o ficciones, dos especies: el arte de copiar y el arte de la fantasmagoría.

Teetetes. -Sí.

Extranjero. -Y no sabemos en cuál de estas divisiones comprenderá al sofista.

Teetetes. -Así es.

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