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The ConsciousLibrary
Plato
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Chapter 28 of 39

· 28

Extranjero. -El que se halla en aptitud de hacer esto, distingue, con claridad, la IDEA única, derramada en una multitud de individuos, que existen aisladamente; en seguida, una multitud de IDEAS que son diferentes las unas de las otras, y que están embebidas en una IDEA única; después, también una IDEA única, recogida en la universalidad de los seres, reducidos a la unidad; en seguida, por último, una multitud de IDEAS, absolutamente distintas las unas de las otras. He aquí lo que se llama saber discernir, entre los géneros, los que son capaces de asociarse y los que no lo son.

Teetetes. -Perfectamente.

Extranjero. –Pero, el talento de la dialéctica no lo concederás. Yo creo sino al que es verdadera y puramente filósofo.

Teetetes. -¿Y cómo podría yo concederlo a ningún otro?

Extranjero. –En parajes semejantes a este encontraremos, pues, al filósofo, lo mismo ahora, que más tarde, si nos proponemos buscarle, aunque no sea fácil verle en claro. Sin embargo, la dificultad, en este caso, no es de la misma clase que la del sofista.

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -El uno se sume en la oscuridad del NO-SER, con el que se familiariza durante una larga estancia y, como el lugar que habita es oscuro, es por esto difícil reconocerle. ¿No es cierto?

Teetetes. -Probablemente.

Extranjero. –Pero, como el filósofo, en todos sus razonamientos, se abraza a la IDEA del SER, no es fácil, a causa del resplandor de esta región, en manera alguna, percibirle; porque, en la muchedumbre, los ojos del alma son demasiado débiles para poder fijarse, por mucho tiempo, en las cosas divinas.

Teetetes. -Esa explicación no me parece menos verosímil que la precedente.

Extranjero. –Podremos después hacer un esfuerzo para formamos una idea más clara aún del filósofo, si el capricho, o el corazón, nos llevan a ello; pero respecto del sofista, guardémonos de dejarle escapar, ínterin -no le hayamos estudiado suficientemente.

Teetetes. -Bien dicho.

Extranjero. -Hemos convenido con motivo de los géneros, en que los unos se asocian entre sí y otros no; que los unos se asocian solamente a algunos, otros a un gran número, otros a todos y de todas maneras, sin encontrar nada que se lo impida. Ahora continuemos nuestra discusión, no examinando todas las IDEAS, no sea que se nos confunda su multitud, sino escogiendo algunas: las que se dicen más grandes. Averigüemos, por lo pronto, lo que ellas son, cada una en sí misma y, en seguida, hasta qué punto tienen el poder de asociarse las unas a las otras. De esta manera, si no concebimos el SER y el NO-SER, con toda la claridad posible, por lo menos, no nos consideraremos incapaces de dar razón de ellas, dentro de los límites de nuestra indagación, y sabremos si podemos decir impunemente, del NO-SER, que carece absolutamente de existencia.

Teetetes. -Eso es lo que debe hacerse.

Extranjero. -Los mayores entre los géneros de que hemos hablado ya son: el SER mismo, el Reposo y el Movimiento.

Teetetes. -Así es.

Extranjero. -Los dos últimos, ya lo hemos dicho, no pueden mezclarse.

Teetetes. –De ninguna manera.

Extranjero. -Pero el SER puede mezclarse con ambos, pues que, en efecto, ambos son, o existen.

Teetetes. -Sin duda.

Extranjero. -Esto constituye tres géneros.

Teetetes. -Seguramente.

Extranjero. -Cada uno de ellos, ¿es otro que los otros dos, y el mismo, respecto de sí mismo?

Teetetes. -Sí.

Extranjero. –Pero, ¿qué es lo que queremos decir con lo otro y lo mismo? ¿Son dos géneros diferentes de los tres primeros mezclados, necesariamente siempre con ellos? ¿Son cinco géneros, en lugar de tres, los que tenemos que examinar? ¿O bien, habremos dado estos nombres de lo mismo y lo otro a uno de nuestros tres géneros, sin darnos cuenta de ello?

Teetetes. -Quizá.

Extranjero. -Sin embargo, el Movimiento y el Reposo no son, ni lo Otro, ni lo Mismo.

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -Lo que atribuimos, en común, al Movimiento y al Reposo, no puede ser el Reposo, ni el Movimiento.

Teetetes. -¿Por qué?

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