Chapter 16 of 39
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Teetetes. -De toda necesidad.
Extranjero. -Por consiguiente, no puede concederse que el que intente enunciar el NO-SER, hablará sin decir nada; antes bien, es preciso afirmar absolutamente que no habla.
Teetetes. -De esta manera, dejaríamos a un lado las dificultades de esta discusión.
Extranjero. -No cantemos victoria. Porque, mi excelente amigo, he aquí todavía la dificultad más grande y la primera de todas y que toca el fondo mismo de la cuestión que nos ocupa.
Teetetes, -¿Qué quieres decir? Habla, pero cuida de no retroceder.
Extranjero.-¿A un ser puede unirse otro ser?
Teetetes. -Sin duda.
Extranjero. –Pero, a un no-ser, ¿puede unirse algún ser?
Teetetes. -No, ciertamente.
Extranjero. -Ahora bien, nosotros colocamos entre los seres el número en general.
Teetetes. -Sí, desde el momento en que colocamos, entre ellos, cualquier cosa.
Extranjero. -¿No podemos referir al NO-SER ningún número, ni la pluralidad, ni la unidad?
Teetetes. -Sería, a mi entender, proceder mal, teniendo en cuenta nuestro razonamiento.
Extranjero. –Pero, ¿cómo expresar, con los labios, o concebir, por el pensamiento, los no-seres o el no-ser, sin hacer uso del número?
Teetetes. -Habla y veamos.
Extranjero. –Cuando decimos los no-seres, ¿no referimos, a ellos, la pluralidad del número?
Teetetes. -Es cierto.
Extranjero. -Y cuando decimos el NO-SER, ¿no le atribuimos la unidad?
Teetetes. -Evidentemente.
Extranjero. -Sin embargo, hemos dicho que no es justo, ni razonable, unir el ser al no-ser.
Teetetes. -Es muy cierto.
Extranjero. -Comprendes que es imposible enunciar el NO-SER en sí mismo, y decir algo de él y hasta concebirle; no está al alcance del pensamiento, ni del lenguaje, ni de la palabra, ni-del razonamiento.
Teetetes. -Así es.
Extranjero. -¿No tuve razón para decir antes que tocaba el punto más difícil, en esta materia?
Teetetes. -¿Pero vamos aún a abordar otro punto todavía más difícil?
Extranjero. -¡Qué, mi querido amigo! ¿No concibes, por lo que precede, que el que intente combatir el NO-SER se encuentra entorpecido, porque apenas comience a refutarle, se pone en contradicción consigo mismo?
Teetetes. -¿Cómo? Explícate con más claridad.
Extranjero. -No es posible. Primero, expuse que el NO-SER no admite la unidad, ni la pluralidad, y ahora se las he atribuido, porque he dicho el NO-SER. ¿Entiendes?
Teetetes. -Sí.
Extranjero. -Y no hace un instante que decía yo que no estaba alcance del lenguaje, ni de la palabra, ni del razonamiento. ¿Me sigues?
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