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Chapter 29 of 49

CAPÍTULO PRIMERO Del habla interior de Cristo al alma fiel

EL ALMA: 1. Oiré lo que habla el Señor Dios en mi.

Bienaventurada el alma que oye al Señor que le habla, y de su boca recibe palabras de consolación.

Bienaventurados los oídos que perciben los rauda= les de las inspiraciones divinas, y no cuidan de las murmuraciones mundanas.

Bienaventurados los oídos que no escuchan la voz que oyen de fuera, sino la verdad que enseña de dentro.

Bienaventurados los ojos que están cerrados á las cosas exteriores y muy atentos á las interiores.

Bienaveturados los que penetran las cosas inte- riores y estudian con ejercicios continuos en pre- pararse cada dia más y más á recibir los secretos celestiales.

Bienaventurados los que se alegran de entregarse á Dios y se desembarazan de todo impedimento del mundo. Ñ.

¡Oh alma mía! Considera bien esto, y cierra las puertas de tu sensualidad para que puedas oir lo que te habla el Señor tu Dios.

JESUCRISTO: Yo soy tu salud, tu paz y tu vida.

Deja todas las cosas transitorias, y busca las eternas.

¿Qué es todo lo temporal sino engañoso? ¿Y qué te valdrán todas las criaturas si fueses desampara- do del Creador?

Por eso, dejadas todas las cosas, hazte fiel y gra- ta á tu Creador, para que puedas alcanzar la verda- dera bienaventuranza,

Cómo la verdad habla dentro del alma sin sonido de palabras.

EL ALMA: 1. Habla, Señor, porque tu siervo escu- cha. Yo soy tu siervo: dame entendimiento para que sepa tus verdades.

Inclina mi corazón á las palabras de tu boca; des- cienda tu habla así como rocio,

Decían en otro tiempo los hijos de Israel á Moisés: Háblanos tú, y oiremos; no nos hable el Señor, por- que quizá moriremos.

No así, Señor, no así te ruego, sino más bien, como el profeta Samuel, con humildad y deseo te AUpIICO: Habla, Señor, pues tu siervo oye.

lo me hable Moisés ni alguno de los profetas; sino más bien háblame Tú, Señor Dios, inspirador y alumbrador de todos los profetas, pues Tú solo sin ellos puedes enseñarme perfectamente; pero ellos sin Ti ninguna cosa me aprovecharán.

2. Es verdad que pueden pronunciar palabras; mas no dan espiritu.

_Elegantemente hablan; mas callando Tú, no en- cienden el corazón.

_Predican misterios; mas Tú procuras su inteligen- cla.

A aenuncian mandamientos; pero Tú ayudas ácum-

Puestran el camino; pero Tú das esfuerzo para andarlo.

Ellos obran Pd de fuera solamente; pero Tú ins- truyes y alumbras los corazones.

Ellos riegan la superficie; mas Tú das la fertilidad.

Eos dan voces; pero Tú haces que el oído las perciba.

3. Nome hable, pues, Moisés, sino Tú, Señor Dios mío, eterna Verdad, para que por desgracia no mue- ra y quede sin fruto si solamente fuere enseñado de fuera, y no encendido por dentro.

No me sea para condenación la palabra oída y no Obrada, conocida y no amada, creída y no guardada.

_Habla, pues, Tú, Señor; pues tu siervo oye, ya que tienes palabras de vida eterna.

Háblame para dar algún consuelo á mi alma, para Ja enmienda de toda mi vida, y para eterna alabanza, honra y gloria tuya.

Que las palabras de Dios se deben oir con humildad, y cómo muchos no las consideran como deben.

JESUCRISTO: 1. Oye, hijo, mis palabras; palabras suavisimas, que exceden toda la ciencia de los filó- sofos y sablos de este mundo.

Mis palabras son espíritu y vida, y no se pueden ponderar por la razón humana, No se deben traer para vana complacencia, sino oirse en silencio y re- Cibirse con toda humildad y grande afecto.

EL ALMA: 2. Dijo David: Bienaventurado aquel á quien Tú, Señor, instruyeres y á quien mostrares tu ley; porque le guardas de los días malos, y no será desamparado en la Tierra.

JESUCRISTO: 3. Yo, dice Dios, enseñé álos pro- fetas desde el principio, y no ceso de hablar á todos hasta ahora; pero muchos son duros y sordos á mi voz.

Oyen con más gusto al mundo que á Dios, y más fácilmente siguen el apetito de su carne que el be- neplácito divino.

1 mundo promete cosas temporales y pequeñas, y con todo eso le sirven con grande ansia: Yo pro- meto cosas grandes y eternas, y entorpécense los corazones de los mortales.

¿Quién me sirve á Mí y me obedece en todo con tanto cuidado como al mundo y á sus señores se sir- ve? Avergiiénzate, Sidón, dice el mar; y si pregun- tas la causa, oye el por qué.

Por un pequeño beneficio van los hombres largo camino, y por la vida eterna, con dificultad muchos levantan una vez el pie del suelo.

Buscan los hombres viles ganancias: por una mo- neda pleitean á las veces torpemente; por cosas va- nas y por una corta promesa no temen fatigarse noche Mn día.

4 as, ¡ay dolor!, que emperezan de fatigarse un poco por el bien que no se muda, por el galardón que es inestimable, y por la suma Gloria sin fin.

Avergiiénzate, pues, siervo perezoso y desconten- tadizo, de que aquellos se hallen más dispuestos para la perdición que tú para la vida.

Alégranse ellos más por la vanidad que tú por la verdad.

Porque algunas veces les miente su esperanza; pero mi promesa á nadie engaña, ni deja frustrado al que confía en MÍ.

Daré lo que he prometido, cumpliré lo que he di- cho, si alguno perseverare fiel en mi amor hasta el fin.

Yo soy remunerador de todos los buenos, y fuerte examinador de todos los devotos.

5. Escribe tú mis palabras en tu corazón, y con- sidéralas con mucha diligencia, pues en el tiempo de la tentación te serán muy necesarias.

Lo que no entiendes ahora cuando lo lees, lo cono- cerás en el día de mi visitación.

De dos maneras acostumbro visitar á mis escogi- dos; esto es, con tentación y con alivio.

Y dos lecciones les doy cada día: una, reprendien- do sus vicios; otra, amonestándolos al adelantamien- to de las virtudes.

_El que entiende mis palabras y las desprecia, tiene quien le juzgue en el postrero día.

ORACIÓN PARA PEDIR LA GRACIA DE LA DEVOCIÓN

6. Señor, Dios mío, Tú eres todos mis bienes. ¿Quién soy yo para que me atreva á hablarte?

Yo soy un pobrísimo siervecillo tuyo, y gusanillo desechado, mucho más pobre y despreciable de lo que yo sé y puedo decir.

Pero acuérdate, Señor, de que soy nada, de que nada tengo y nada valgo.

Tú solo eres bueno, justo y santo; Tú lo puedes to- do, lo das todo, dejando vacío solamente al pecador.

cuérdate de tus misericordias, y llena mi corazón de gracia, pues no quieres que sean vacías tus obras.

7. ¿Cómo podré sufrirme en esta miserable vida si no me confortare tu gracia y misericordia?

No me vuelvas el rostro, no dilates tu visitación, no desvíes tu consuelo, para que nosea mi alma para Ti como la tierra sin agua.

Señor, enséñame á hacer tu voluntad; enséñame áconversar delante de Ti digna y humildemente, pues Tú eres mi sabiduría, que en verdad me cono- ces, y me conociste antes que el mundo se hiciese y yo naciera en el mundo.

Debemos conversar delante de Dios con verdad y humildad.

JESUCRISTO: 1. Hijo, anda delante de Mí en ver- dad, y búscame siempre con sencillez de corazón.

El que anda en mi presencia en verdad será defen- dido de los malos encuentros, y la verdad le librará de los engañadores y de las murmuraciones de los malvados.

Si la verdad te librare, serás verdaderamente li- bre, y no cuidarás de las palabras vanas de los hom-

EL ALMA: 2. Verdad es, Señor; y así te suplico que lo hagas conmigo. Enséñeme tu verdad, y ella le guarde y me conserve hasta alcanzar mi salva- ción.

Ella me libre de toda mala afición y amor desorde- nado, y andaré contigo en gran libertad de corazón.

JESUCRISTO: 3. Yo te enseñaré, dice la verdad, lo que es recto y agradable delante de Mi.

Piensa en tus pecados con gran descontento y tris- teza, y nunca te juzgues ser algo por tus buenas Obras.

En' verdad eres pecador, sujeto y enredado en muchas pasiones.

Por ti siempre vas á la nada: pronto caes, pronto eres vencido, presto te turbas, y presto desfalleces.

Nada tienes de que puedas alabarte; pero mucho de que humillarte, porque eres más flaco de lo que puedes pensar.

4, Por eso no te parezca gran cosa alguna de cuantas haces.

Nada tengas por grande, nada por preciso y admi- rable; nada estimes por digno de reputación, nada por alto, nada por verdaderamente de alabar y co- diciar sino lo que es eterno.

Agrádete sobre todas las cosas la verdad eter- na, y desagrádete siempre sobre todo tu grandísi- ma vileza.

Nada temas ni desprecies, ni huyas cosa alguna tanto como tus vicios y pecados, los cuales deben desagradarte más que los daños de las cosas.

_ Algunos no andan sencillamente en mi presencia, sino que, aos de cierta curiosidad y arrogancia, uieren saber mis secretos y entender las cosas altas e Dios, no cuidando de sí mismos ni de su salvación.

Estos muchas veces caen en grandes tentaciones Y pecados por su soberbia y curiosidad, porque Yo

5. Teme los juicios de Dios, atemorizate de la ira del Omnipotente, no quieras escudriñar las obras del Altísimo, sino examinar tus maldades, en cuán- tas cosas pecaste, y cuántas buenas obras dejaste de hacer por negligencia. A

Algunos tienen su devoción solamente en los li- bros, otros, en las imágenes, y otros, en señales y figuras exteriores.

Algunos me traen en la boca; pero pocos en el co- razón.

Hay otros que, alumbrados en el entendimiento y

purgados en el afecto, suspiran siempre por las cosas eternas, oyen con pena las terrenas, y con do- lor sirven á las necesidades de la Naturaleza: éstos sienten lo que habla en ellos el espiritu de verdad.

Porque les enseña á despreciar lo terrestre M amar lo celestial, á aborrecer el mundo y desear el Cielo

día y noche. CAPÍTULO V Del maravilloso afecto del amor divino.

EL ALMA: 1. Bendígote, Padre celestial, Padre de mi Señor Jesucristo, que tuviste por bien acor- darte de este pobre.

¡Oh Padre de las misericordias y Dios de toda consolación! Gracias te doy porque á mi, indigno de todo consuelo, algunas veces recreas con tu conso- lación.

Bendigote y te glorifico siempre con tu Unigénito Hijo, con el Espiritu Santo consolador por los si- glos de los siglos.

¡Oh Señor Dios, amador Santo mío! Cuando Tú vi- nieres á mi corazón, se alegrarán todas mis entrañas.

Tú eres mi gloria y la alegría de mi corazón.

Tú eres mi esperanza y refugio en el día de mi tri- bulación.

2. Mas porque soy aún flaco en el amor é imper- fecto en la virtud, pos eso tengo necesidad de ser fortalecido MA consolado por Ti.

Por eso visitame, Señor, más veces, é instrúyeme con santas doctrinas.

Líbrame de mis malas pasiones, y sana mi corazón de todas mis aficiones desordenadas, para que, sano pala purgado en lo interior, sea apto para amarte,

3. Grancosaes elamor, y bien sobremanera gran- de: él solo hace ligero todo lo pesado, y lleva con igualdad todo lo desigual.

Pues lleva la carga sin carga, y hace dulce y sa- broso todo lo amargo.

El amor noble de Jesús nos anima á hacer grandes cosas, y nos mueve 4 desear siempre lo más perfecto.

El amor quiere estar en lo más alto, y no ser re- tenido en ninguna cosa baja.

El amor quiere ser libre y ajeno de toda afición mundana para que no se impida su vista ni se em- barace en ocupaciones de provecho temporal, ó cai- ga por algún daño.

jo hay cosa más dulce que el amor, nada más fuer- te, nada más alto, nada más ancho, nada más alegre, nada más lleno ni mejor en el Cielo ni en la Tierra; porque el amor nació de Dios, y no puede aquietar- se con todo lo creado, sino con el mismo Dios.

4. El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre, y no embarazado,

Todo lo da por todo y todo lo tiene en todo, por- que descansa en un Sumo Bien sobre todas las co- sas, del cual fnana y procede todo bien.

No mira á los dones, sino quese vuelve al dador sobre todos los bienes.

El amor muchas veces no guarda modo, mas se enardece sobre todo modo.

El amor no siente la carga, ni hace caso de los tra- bajos; desea más de lo que puede, no se queja de que le manden lo imposible, porque cree que todo lo puede y le conviene.

Pues para todo es bueno, y muchas cosas ejecuta 1 pone por obra en las cuales el que no ama desfa-

5. Elamor siempre vela, y durmiendo no duerme.

Fatigado, no se cansa; angustiado, no se angustia; espantado, no se espanta;sino, como viva llama y ar- diente luz, sube á lo alto y se remonta con seguridad.

Si alguno ama, conoce lo que dice esta voz:

Grande clamor es en los oídos de Dios el abrasado afecto del alma que dice: Dios mio, amor mío, Tú eres todo mío, y yo soy todo tuyo.

6. Dilátame en el amor, pu que aprenda á gus- tar con la boca interior del corazón cuán suave es amar y derretirse y nadar en el amor.

Sea yo cautivo del amor, saliendo de mí por él grande fervor y admiración.

Cante yo cánticos de amor; sigate, Amado mío, á lo alto, y desfallezca mi alma en tu alabanza, ale- grándome por el amor.

Amete yo más que á mí, y no me ame á mí sino por Ti, y en Ti á todos los que de verdad te aman

como manda la ley del amor, que emana de Ticomo un resplandor de tu Divinidad.

7. Élamor es diligente, sincero, piadoso, alegre y deleitable, fuerte, sufrido, fiel, prudente, magná- nimo, varonil, y nunca se busca á sí mismo; por-

ue cuando alguno se busca á sí mismo, luego cae

El amor es muy mirado, humilde y recto; no es regalón, liviano, ni entiende en cosas vanas: es sombrío, casto, firme, quieto y recatado contra to- dos los sentidos.

Elamor es sumiso y obediente á los superiores, vil y despreciado para sí; para Dios, devoto pa agra- decido, confiando y esperando siempre en Él, aun cuando no le regala, porque no vive ninguno en amor sin dolor.

8. Elque no está dispuesto á sufrirlo todo y á hacer la voluntad del amado, no es digno de lla- marse amante.

Conviene al que ama abrazar de buena voluntad por el amado todo lo duro y amargo, y no apartarse de él por cosa contraria que acaezca.

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CAPÍTULO PRIMERO Del habla interior de Cristo al alma fiel · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library