Chapter 26 of 49
CAPÍTULO x Del agradecimiento por la gracia de Dios
1. ¿Para qué buscas descanso, pues naciste para el trabajo?
Ponte á paciencia más que á consolación, y á lle- var cruz más que á tener alegrías,
¿Qué hombre del mundo no tomaría de muy bue- na gana la consolación y la alegría espiritual si siempre pudiese tenerla?
Porque las consolaciones espirituales exceden á todos los placeres del mundo y á los deleites de la carne,
Porque todos los deleites del mundo son torpes 6 vanos; mas los deleites espirituales sólo son ale- pres, y honestos, engendrados de las virtudes é in-
ndidos por Dios en los corazones limpios,
Mas no puede ninguno usar de continuo de estas consolaciones divinas como quiere, porque el tiem- po de la tentación pocas veces cesa.
. Muy contraría es á la soberana visitación la falsa libertad del alma y la gran confianza de sí.
Bien hace Dios dando la gracia de la consolación;
ero el hombre hace mal no atribuyéndolo todo 4
Y por eso no abundan en nosotros los dones de la gracia, porque somos ingratos al Hacedor y no lo atribuímos todo á la fuente original.
Porque siempre se debe gracia al que dignamente es agradecido, y es quitado al soberbio lo que se suele dar al humilde.
3. No quiero consolación que me quite la com- punción, ni deseo contemplación que me lleve en Soberbia.
Pues no es santo todo lo alto, ni todo lo dulce bueno, ni todo deseo puro, ni todo lo que amamos agradable á Dios,
rado acepto yo la gracia que me haga más humilde y temeroso y me disponga más á renun- ciarme á mí. ke
El enseñado con el don de la gracia y avisado con el escarmiento de haberla perdido, no osará
atribuirse á sí bien alguno; mas antes confesará ser pobre y desnudo.
Da á Dios lo que es de Dios, y atribuye á ti lo que es tuyo: esto es, da gracias á Dios por la gracia y sólo á ti atribuye la culpa, y conoce serte debida por la culpa dignamente la pena.
4. Ponte siempre en lo más bajo, y se te dará lo más alto i porque no está lo muy alto sin lo más bajo. Los grandes Santos cerca de Dios, son pequeños cerca de si; y cuanto más gloriosos, tanto en si más humildes.
Los llenos de verdad y de gloria celestial no son codiciosos de gloria vana.
Los que están fundados y confirmados en Dios en ninguna manera pueden ser soberbios.
Y los que atribuyen á Dios todo cuanto bien reci- ben no buscan ser loados unos de otros; mas quie- ren la gloria que de sólo Dios viene, oca que sea Dios glorificado sobre todos, en Sí mismo y en todos los Santos, y siempre tienen esto por fin,
5. Pues sé agradecido en lo poco, y serás digno de recibir cosas mayores.
Ten en muy mucho lo poco, y lo más despreciado, por singular don.
Si miras á la dignidad del dador, ningún don te parecerá pequeño ó vil.
Por cierto, no es poco lo que el Soberano Dios da.
Y aunque da penas y castigos, debemos agrade- cérselo, que siempre es para nuestra salud todo lo que permite que nos y Ñ
El que desea guardar la gracia de Dios agradéz- cale la gracia que le ha dado, y sufra con paciencia cuando le fuere quitada.
Haga oración continua para que le sea tornada, y sea cauto y humilde para que no la pierda.
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