Chapter 9 of 14
Sócrates – Hipotales – Ctesipo – Menexenes – Lisis · 9
—Pasemos a otro punto. Puesto que la amistad no se encuentra en ninguno de los principios que acabamos de examinar, veamos si lo que no es bueno, ni malo, podría ser por casualidad el amigo de lo que es bueno.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¡Por Júpiter! yo ya no sé qué decir, porque experimento una especie de vértigo al ver la incertidumbre de nuestros razonamientos. Creo ver también, conforme al [242] antiguo adagio, que la amistad reside quizá en la belleza.{10} Pero nuestro objeto es como los fantasmas delicados, ligeros e incoercibles, y he aquí por qué tenemos tanta dificultad en deslindarle. En fin, digo que lo bueno es bello. ¿Y tú qué piensas?
—Yo lo creo también.
—Asimismo digo, por adivinación, que lo que no es, ni bueno, ni malo, es amigo de lo bueno y de lo bello. Escucha ahora sobre qué fundo mis conjeturas. Me parece que existen tres géneros: lo bueno, de una parte; después lo malo; y, por último, lo que no es, ni bueno, ni malo. ¿Qué te parece?
—Estoy conforme.
—Igualmente me parece, después de nuestras precedentes indagaciones, que lo bueno no puede ser amigo de lo bueno, ni lo malo de lo malo, ni lo bueno de lo malo. Resta, pues, para que la amistad sea posible entre dos géneros, que lo que no es, ni bueno, ni malo, sea el amigo de lo bueno, o de una cosa que se le aproxime, porque con respecto a lo malo no puede nunca excitar la amistad.
—Eso es cierto.
—Lo semejante, como ya lo hemos dicho, no puede ser tampoco el amigo de lo semejante, ¿no es así?
—Sí.
—Y lo que no es, ni bueno, ni malo, no amará lo que se le parece.
—No es posible.
—Luego lo que no es, ni bueno, ni malo, no puede amar más que lo bueno.
—Necesariamente, a mi parecer.
—Veamos ahora, mis queridos amigos, dije yo, si este [243] razonamiento nos conduce al término que deseamos. Fijémonos, por ejemplo, en el cuerpo. Cuando está sano, no tiene ninguna necesidad de medicina, porque se basta a sí mismo, y el hombre sano jamás amará al médico sino en razón de su salud; ¿no es así?
—Jamás.
—Yo creo, que es el enfermo el que ama al médico a causa de la enfermedad.
—Sin duda.
—Pero la enfermedad es un mal, mientras que la medicina es un bien muy útil
—Sí.
—En cuanto al cuerpo como cuerpo, no es, ni malo, ni bueno.
—No.
—Y a causa de la enfermedad, ¿el cuerpo está obligado a buscar y amar la medicina?
—Evidentemente.
—Luego lo que no es, ni malo, ni bueno, es amigo de lo que es bueno, a causa de la presencia del mal.
—Así me lo parece.
—Pero evidentemente, si es amigo de lo bueno, es antes que la presencia del mal le haya hecho malo; porque si el cuerpo estuviese malo, jamás desearía ni amaría lo bueno, por la imposibilidad, reconocida ya por nosotros, de que lo malo pueda ser amigo de lo bueno.
—En efecto, eso es imposible.
—Fijad bien la atención en lo que voy a decir. Digo que ciertas cosas son las mismas que lo que se encuentra en ellas, y otras cosas no. Por ejemplo, si se quiere teñir de este o de aquel color un objeto cualquiera, digo que el color se encontrará con el objeto.
—Ciertamente.
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