Chapter 5 of 9
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Laques: ¿Quién podría sostener lo contrario? Sócrates.
Sócrates: Nadie seguramente, conforme a tus principios.
Laques: Sí, esos son mis principios en efecto.
Sócrates: ¿De manera, Laques, que estas gentes, que no tienen ninguna experiencia, se arrojan al peligro mucho más imprudentemente que los que se exponen con alguna razón?
Laques: Sí, sin duda.
Sócrates: Pero la audacia insensata y la paciencia irracional nos parecieron antes vergonzosas y perjudiciales.
Laques: Eso es cierto.
Sócrates: Y el valor nos ha parecido una cosa bella.
Laques: Convengo en ello.
Sócrates: Pues bien, ahora sucede todo lo contrario; damos el nombre de valor a una audacia insensata.
Laques: Lo confieso.
Sócrates: ¿Y crees que obramos bien?
Laques: No, ¡por Júpiter! Sócrates.
Sócrates: De modo, Laques, que, por tu propia confesión, ni tú ni yo nos ajustamos al tono dórico, porque nuestras acciones no corresponden a nuestras palabras. Al ver nuestras acciones, yo creo que se diría que nosotros tenemos valor; pero oyendo nuestras palabras, bien pronto se mudaría de opinión.
Laques: Tienes razón.
Sócrates: ¡Pero qué! ¿tienes por prudente que permanezcamos en este estado?
Laques: Te aseguro que no.
Sócrates: ¿Quieres que nos conformemos por un momento con la definición que hemos dado?
Laques: ¿Qué definición?
Sócrates: Que el verdadero valor es la paciencia. Si quieres, mostremos nuestra paciencia continuando nuestra indagación, a fin de que el valor no se burle de nosotros y nos acuse de no buscarle valientemente, puesto que, según nuestros principios, ser paciente es ser valiente.
Laques: Estoy dispuesto a ello, Sócrates, y no lo esquivo, por más que sea nuevo en esta clase de disputas; pero te confieso que estoy disgustado y que tengo un verdadero sentimiento en no poder explicar lo que pienso, porque me parece que concibo perfectamente lo que es el valor; y no comprendo cómo se me escapa tanto esta idea, que no puedo explicarla.
Sócrates: Pero, Laques, el deber de un buen cazador ¿no consiste en no cansarse y no verse jamás burlado?
Laques: Estoy conforme.
Sócrates: ¿Quieres que entre en nuestra partida de caza Nicias, para ver si es más dichoso?
Laques: Lo quiero, y ¿por que no?
Sócrates: Ven acá, Nicias, ven, si puedes, a socorrer a tus amigos, que se ven embarazados y que no saben qué rumbo tomar; porque ya ves cuán imposible se hace que consigamos nuestro objeto. Sácanos de este apuro y fija tu propio pensamiento, diciéndonos lo que es el valor.
Nicias: Ha mucho que me parecía que definíais mal esta virtud. ¡Ah! ¿de dónde nace que no os habéis valido en esta ocasión de lo que tantas veces y con tanto acierto te he oído yo en otras? Sócrates.
Sócrates: ¿Y qué es? Nicias
Nicias: Te he oído decir muchas veces que en aquello en que cada uno sabe es idóneo, pero que en lo que no sabe es inepto.
Sócrates: ¡Por Júpiter! eso es muy cierto, Nicias
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