Chapter 14 of 27
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Con mucho gusto, tanto más cuanto que nuestros razonamientos tienen algo de vago, no apoyándose en algún ejemplo positivo.
Sócrates
En verdad es una fortuna, la casualidad de haber [318] pronunciado dos discursos muy acomodados para probar que el que posee la verdad puede, mediante el juego de palabras, deslumbrar a sus oyentes. Yo, mi querido Fedro, no dudo en achacarlos a las divinidades que habitan estos sitios; quizá también los cantores inspirados por las musas{18} que habitan por cima de nuestras cabezas, nos han comunicado su inspiración; porque he sido siempre absolutamente extraño al arte oratorio.
Fedro
Pase, puesto que te place decirlo; pero pasemos al examen de los dos discursos.
Sócrates
Lee el principio del discurso de Lisias.
Fedro
«Conoces todos mis sentimientos, y sabes que miro la realización de mis deseos como provechosa a ambos. No sería justo rechazar mis votos, porque no soy tu amante. Porque los amantes desde el momento en que se ven satisfechos...»
Sócrates
Detente. Es preciso examinar en qué se engaña Lisias y en qué carece de arte; ¿no es cierto?
Fedro
Sí.
Sócrates
¿No es cierto que estamos siempre de acuerdo sobre ciertas cosas, y que sobre otras estamos siempre discutiendo?
Fedro
Creo comprender lo que dices, pero explícamelo más claramente.
Sócrates
Por ejemplo, cuando delante de nosotros se pronuncian [319] las palabras hierro o plata, ¿no tenemos todos la misma idea?
Fedro
Sin duda.
Sócrates
Pero que se nos hable de lo justo y de lo injusto y estas palabras despiertan ideas diferentes, y nos ponemos en el momento en desacuerdo con los demás y con nosotros mismos.
Fedro
Seguramente.
Sócrates
Luego hay cosas sobre las que todo el mundo conviene, y otras sobre las que todo el mundo disputa.
Fedro
Es cierto.
Sócrates
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