Chapter 1 of 10
ARGUMENTO.
El objeto de este diálogo es el Amor. Hé aquí por de pronto el preámbulo, ninguna de cuyas circunstancias es indiferente. El ateniense Apolodoro cuenta á varias personas, que no se citan, la historia de una comida dada por Agaton á Sócrates, á Fedro, al médico Eriximaco, al poeta cómico Aristófanes y á otros, cuando alcanzó el premio por su primera tragedia. Apolodoro no asistió á la comida, pero supo los pormenores por un tal Aristodemo, uno de los convidados, cuya veracidad está comprobada con el testimonio de Sócrates. Estos pormenores están tanto más presentes en su memoria, cuanto que de allí á poco tuvo ocasion de referirlos. Hasta los más sencillos tienen su importancia.—Ya tenemos los convidados reunidos en casa de Agaton; sólo Sócrates se hace esperar. Se le ve dirigirse pensativo á la casa de Agaton, detenerse largo rato á la puerta, inmóvil y absorto, á pesar de las repetidas veces que se le llama mientras se da principio á la comida. ¿No es esto una imágen sensible de su frugalidad proverbial, de su tendencia decidida á la meditacion más que á esa actividad exterior que distrae á los demás hombres? Entra, por fin, en casa de Agaton al terminarse la comida, y su llegada imprime à la reunion un carácter de sobriedad y de gravedad desacostumbradas. Siguiendo el consejo de Eriximaco, los convidados acuerdan beber moderadamente, despedir á la tocadora de flauta y entablar alguna conversacion. ¿De qué se hablará? Del Amor. Hé aquí á Platon en su elemento. ¡Con qué arte prepara al espíritu para oir la teoría que va á desenvolver naturalmente, y al propio tiempo con rigor lógico, en el discurso que cada uno de los convidados debe pronunciar sobre el Amor! ¡Y qué esmero para evitar la monotonía, conservando á estos sagaces contrincantes la manera de pensar y de decir acomodada al carácter y profesion de cada uno! Fedro habla como un jóven, pero jóven cuyas pasiones se han purificado con el estudio de la filosofia; Pausanias, como hombre maduro, á quien la edad y la filosofía han enseñado lo que no sabe la juventud; Eriximaco se explica como médico; Aristófanes tiene la elocuencia del poeta cómico, ocultando bajo una forma festiva pensamientos profundos; Agaton se expresa como poeta. En fin, despues de todos los demás y cuando la teoría se ha elevado por grados, Sócrates la completa y la expresa en un lenguaje maravilloso, propio de un sabio, de un inspirado.
Fedro toma primero la palabra, para hacer del Amor un elogio muy levantado. Este panegírico es el eco del sentimiento de esos pocos hombres, á quienes una educacion liberal ha hecho capaces de juzgar al amor aparte de su sensualidad grosera y en su accion moral. El Amor es un dios, y un dios muy viejo, puesto que ni los prosistas, ni los poetas, han podido nombrar á su padre ni á su madre; lo que significa, sin duda, que es muy difícil sin estudio explicar su orígen. Es el dios que hace más bienes á los hombres, porque no consiente la cobardía á los amantes y les inspira la abnegacion. Es como un principio moral que gobierna la conducta, sugiriendo á todos la vergüenza del mal y la pasion del bien. «De manera que si por una especie de encantamiento, un Estado ó un ejército sólo se compusiesen de amantes y amados, no habria pueblo que sintiera más hondamente el horror al vicio y la emulacion por la virtud.» En fin, es un dios que procura la felicidad al hombre, en cuanto le hace dichoso sobre la tierra y dichoso en el cielo, donde el que ha obrado bien recibe su recompensa. «Concluyo, dice Fedro, diciendo que, de todos los dioses, el amor es el más antiguo, el más augusto y el más capaz de hacer al hombre virtuoso y feliz durante la vida y despues de la muertę.»
Pausanias es el segundo en turno. Corrige, por lo pronto, lo que hay de excesivo en este entusiasta elogio. Despues precisa la cuestion, y coloca la teoría del Amor á la entrada del verdadero camino, del camino de una indagacion filosófica. El Amor no camina sin Venus, es decir, que no se explica sin la belleza; primera indicacion de este lazo estrecho, que se pondrá despues en evidencia, entre el Amor y lo Bello. Hay dos Venus: la una antigua, hija del cielo y que no tiene madre, es la Venus Urania ó celeste; la otra, más jóven, hija de Júpiter y de Dione, es la Venus popular. Hay por tanto dos Amores, que corresponden á las dos Venus: el primero, sensual, brutal, popular, sólo se dirige á los sentidos; es un amor vergonzoso y que es necesario evitar. Pausanias, despues de haber señalado desde el principio este punto olvidado por Fedro, estimando bastante estas palabras, no se fija más en él en todo el curso de su explicacion. El otro amor se dirige á la inteligencia, por lo tanto, al sexo que participa más de la inteligencia, al sexo masculino. Este amor es digno de ser honrado y deseado por todos. Pero exige, para que sea bueno y honesto, de parte del amante, muchas condiciones difíciles de reunir.—El amante no debe unirse á un amigo demasiado jóven, pues que no puede prever lo que llegarán á ser el cuerpo y el espíritu de su amigo; el cuerpo puede hacerse deforme, agrandándose, el espíritu corromperse; y es muy natural evitar estos percances, buscando jóvenes ya hechos y no niños. -El amante debe conducirse para con su amigo conforme á las reglas de lo honesto. «Es inhonesto conceder sus favores á un hombre vicioso por malos motivos.» No lo es ménos concederlos á un hombre rico ó poderoso por deseo de dinero ó de honores. El amante debe amar el alma, y en el alma la virtud. El amor entónces está fundado en un cambio de recíprocos servicios entre el amante y el amigo, con el fin «de hacerse mútuamente dichosos.» Estas reflexiones de Pausanias, cada vez más elevadas, han extraido el elemento de la cuestion, que habrá de ser el asunto en los demás discursos, elemento á la vez psicológico y moral, susceptible aún de trasformacion y de engrandecimiento.
El médico Eriximaco, que habla en tercer lugar, guarda, en su manera de examinar el amor, en la naturaleza del desenvolvimiento que da á su pensamiento y hasta en su diccion, todos los rasgos familiares á su sábia profesion. Acepta desde luego la distincion de los dos amores designados por Pausanias; pero camina mucho más adelante. Se propone probar, que el amor no reside sólo en el alma de los hombres sino que está en todos los séres. Le considera como la union y la armonía de los contrarios y demuestra la verdad de su definicion con los ejemplos siguientes. El Amor está en la medicina, en el sentido de que la salud del cuerpo resulta de la armonía de las cualidades que constituyen el temperamento bueno y el malo; y el arte de un buen medico consiste en ser hábil para restablecer esta armonía cuando es turbada, y para mantenerla.—El Amor está en los elementos, puesto que es preciso el acuerdo de lo seco y de lo húmedo, de lo caliente y de lo frio, naturalmente contrarios, para producir una temperatura dulce y regular.—¿No se da igualmente el Amor en la música, esta combinacion de sonidos opuestos, del grave y del agudo, del lleno y del ténue?— Lo mismo en la poesía, cuyo ritmo no es debido sino á la union de las sílabas breves y de las largas.—Lo mismo en las estaciones, que son una feliz combinacion de los elementos, una armonía de influencias, cuyo conocimiento es el objeto de la astronomía.—Lo mismo, en fin, en la adivinacion y en la religion, puesto que su objeto es mantener en proporcion conveniente lo que hay de bueno y de vicioso en la naturaleza humana, y hacer que vivan en buena inteligencia los hombres y los dioses. El Amor está en todas partes; malo y funesto, cuando los elementos opuestos se niegan á unirse, y predominando el uno sobre el otro, hacen imposible la armonía; bueno y saludable, cuando esta armonía se realiza y se mantiene. Como fácilmente se ve, el punto culminante de este discurso es la definicion nueva del amor; la union de los contrarios. La teoría ha ganado en extension, abriendo al espíritu un horizonte muy vasto, puesto que saliendo del dominio de la psicología, en que estaba encerrada al principio, tiende á abrazar el órden de las cosas físicas por entero.
Aristófanes, que en lugar de hablar en su turno, habia cedido la palabra á Eriximaco, sin duda porque lo que él tenia que decir sobre el Amor, debia relacionarse con el lenguaje del sabio médico mejor viniendo despues que no ántes, Aristófanes, digo, entra en un órden de ideas que parecen diametralmente opuestas, y que, sin embargo, en el fondo concuerdan con aquellas. El Amor es, á su parecer, la union de los semejantes. Para confirmar su opinion y dar á su vez pruebas completamente nuevas de la universalidad del amor, imagina una mitología á primera vista muy singular.
Primitivamente habia tres especies de hombres, unos todo hombres, otros todo mujeres, y los terceros hombre y mujer, los Andróginos, especie en todo inferior á las otras dos.—Estos hombres eran dobles: dos hombres unidos, dos mujeres unidas, un hombre y una mujer unidos. Estaban unidos por el ombligo, y tenian cuatro brazos, cuatro piernas, dos semblantes en una misma cabeza, opuestos el uno al otro y vueltos del lado de la espalda, los órganos de la generacion dobles y colocados del lado del semblante, por bajo de la espalda. Los dos séres unidos de esta manera, sintiendo amor el uno por el otro, engendraban sus semejantes, no uniéndose, sino dejando caer la semilla á tierra como las cigarras. Esta raza de hombres era fuerte. Se hizo orgullosa y atrevida hasta el punto de intentar, como los jigantes de la fábula,' escalar el cielo. Para castigarles y disminuir su fuerza, Júpiter resolvió dividir estos hombres dobles. Comenzó por cortarles haciendo de uno dos. y encargó á Apolo la curacion de la herida. El dios arregló el vientre y el pecho, y para humillar á los culpables, volvió el semblante del lado en que se hizo la separacion, para que tuvieran siempre á la vista el recuerdo de su desgracia. Los órganos de la generacion habian quedado del iado de la espalda, de suerte que cuando las mitades separadas, atraidas por el ardor del amor, se aproximaban la una á la otra, no podian engendrar: la raza se perdia. Júpiter intervino, puso estos órganos en la parte anterior é hizo posibles la generacion y la reproduccion. Pero desde entóno la generacion se hizo mediante la union del varon con la hembra, y la sociedad hizo que se separaran los séres del mismo sexo primitivamente unidos. Sin embargo, en el amor que sienten el uno por el otro, han guardado el recuerdo de su antiguo estado: los hombres, nacidos de hombres dobles, se aman entre sí; como las mujeres, nacidas de mujeres dobles, se aman á su vez; como las mujeres, nacidas de los andróginos, aman á los hombres, y como los hombres, nacidos de los mismos andróginos, aman á las mujeres.
¿Cuál es el objeto de este mito? Al parecer explicar y clasificar todas los especies del amor humano. Las conclusiones, que bajo este doble punto de vista se sacan, están tan profundamente grabadas con el sello de las costumbres griegas en la época de Platon, que resultan en completa contradiccion con los sentimientos que el espíritu moderno y el cristianismo han hecho prevalecer. Porque tomando por punto de partida la definicion de Aristófanes de que el amor es la union de los semejantes, se llega á esta consecuencia: que el amor del hombre por la mujer y de la mujer por el hombre es el más inferior de todos, puesto que es la union de dos contrarios. Es preciso poner por cima de él el amor de la mujer, apetecido por las Tribades, y sobre estos dos amores el del hombre por el hombre, el más noble de todos. No sólo es más noble, sino que en sí mismo es el único amor verdadero y durable. Y así, cuando las dos mitades de un hombre doble, que se buscan sin cesar, llegan á encontrarse, experimentan en el acto el más violento amor, y no tienen otro deseo que el de unirse íntima é indisolublemente para volver á su primitivo estado. Este es el extremo en que la opinion de Aristófanes se aproxima á la de Eriximaco. Hay entre ellos este punto comun: que el amor considerado por uno como la armonía de los contrarios y por otro como la union de los semejantes, es para ambos el deseo de la unidad. Esta idea saca la teoría de la psicología y de la física para elevarla á la metafísica.
Agaton toma á su vez la palabra. Es poeta y hábil retórico tambien, y su discurso exhala un perfume de elegancia. Anuncia que va á completar lo que falta aún á la teoría del Amor, preguntándose desde luego cuál es su naturaleza, y atendida su naturaleza cuáles sus efectos. El Amor es el más dichoso de los dioses; es de naturaleza divina. ¿Y por qué el más dichoso? Porque es el más bello, y el más bello porque es el más jóven, escapa siempre á la ancianidad y es compañero de la juventud. Es el más tierno y el más delicado, puesto que no escoge su estancia sino en el alma de los hombres, que es despues de los dioses lo más delicado y lo más tierno que existe. Es tambien el más sutil, sin lo cual no podria, como lo hace, deslizarse por todas partes, penetrar en todos los corazones y salir de ellos; y el más gracioso, puesto que, fiel al viejo adagio, que el Amor y la fealdad están en guerra va siempre acompañado por la hermosura. El Amor es el mejor de los dioses, como que es el más justo, puesto que no ofende nunca ni nunca es ofendido; el más moderado, puesto que la templanza consiste en dominar los placeres, y no hay un placer mayor que el amor; el más fuerte, porque ha vencido al mismo Marte, al dios de la victoria; el más hábil, en fin, porque á su arbitrio crea los poetas y los artistas y es el maestro de Apolo, de las Musas, de Vulcano, de Minerva y de Júpiter. Despues de esta ingeniosa pintura de la naturaleza del Amor, Aga- ton quiere, como se habia propuesto, celebrar sus bene- ficios. Lo hace en una peroracion brillante, grabada con ese sello de elegancia un tanto amanerada, que caracte- rizaba su talento, y del cual Platon ha querido presentar una copia fiel y algun tanto irónica. «La elocuencia de Agaton, va á decir Sócrates, me recuerda á Gorgias.»
Todos los convidados han expresado libremente sus ideas sobre el amor; Sócrates es el único que continúa silencioso. No sin razon habla el último. Evidentemente es el intérprete directo de Platon, y en su discurso es donde expresamente debe buscarse la teoría platoniana. Hé aquí por qué se compone de dos partes: la una crítica, en la que Sócrates rechaza lo que le parece inadmisible en todo lo que se habia dicho y especialmente en el discurso de Agaton; la otra dogmática, donde da, respetando la di- vision de Agaton, su propia opinion sobre la naturaleza y sobre los efectos del amor. Veamos el análisis.
El discurso de Agaton es muy bello, pero quizá tiene más poesía que filosofía; quizá es más aparente que ver- dadero. Sienta, en efecto, que el Amor es dios, que es bello y que es bueno; pero nada de esto es cierto. El Amor no es bello, porque no posee la belleza por lo mismo que la desea; y sólo se desea lo que no se tiene. Tampoco es bueno, puesto que siendo lo bueno inseparable de lo bello, todas las cosas buenas son bellas. Se sigue de aquí, que el Amor no es bueno, porque no es bello. Resta probar que no es dios. Aquí, por un artificio de composicion que parece una especie de protesta implícita contra el papel tan inferior que la mujer ha hecho hasta este momento en esta conversacion sobre el amor, Platon expone sus opiniones por boca de una mujer, la extranjera de Mantinea, ántes de dejarlas expresar á Sócrates.
De boca de Diotima, «entendida en amor y en otras muchas cosas », dice Sócrates que ha aprendido todo cuanto sabe sobre el Amor. Primero le ha hecho entender, que el amor no es ni bello, ni bueno, como lo ha probado, y por consiguiente que no es dios. Si fuese dios, seria bello y bueno; porque los dioses, como nada les falta, no pueden estar privados ni de la bondad ni de la belleza. ¿Quiere decir esto que el Amor sea un sér feo y malo? Esto no se sigue necesariamente de lo dicho, porque entre la belleza y la fealdad, entre la bondad y la maldad, hay un medio, como le hay entre la ciencia y la ignorancia. ¿Pues qué es, en fin? El Amor es un 'sér intermedio entre el mortal y el inmortal, en una palabra, un demonio. La funcion propia de un demonio consiste en servir de intérprete entre los dioses y los hombres, llevando de la tierra al cielo los votos y el homenaje de los mortales, y del cielo á la tierra las voluntades y beneficios de los dioses. Por esta razon, el Amor mantiene la armonía entre la esfera humana y la divina, aproxima estas naturalezas contrarias, y es, con los demás demonios, el lazo que une el gran todo. Esto equivale á decir, que el hombre, por el esfuerzo del Amor, se eleva hasta Dios. Es el fondo, que se presiente, del verdadero pensamiento de Platon; pero falta desenvolverlo y aclararlo.
De nada serviria conocer la naturaleza y la mision del Amor, si se ignorase su origen, su objeto, sus efectos y su fin supremo. Platon no quiere dejar estas cuestiones en la oscuridad. El Amor fué concebido el dia del nacimiento de Venus; nació del dios de la abundancia, Poros, y del de la pobreza, Penia; esto explica á la vez su naturaleza divina y su carácter. De su madre le viene el ser flaco, consumido, sin abrigo, miserable; y de su padre el ser fuerte, varonil, emprendedor, robusto, hábil y afortunado cazador, que sigue sin cesar la pista á las buenas y bellas acciones. Es además apasionado por la sabiduría, que es bella y buena por excelencia; no siendo ni bastante sabio para poseerla, ni bastante ignorante para creer que la posee. Su objeto, en último resultado, es lo bello y el bien, que Platon identifica bajo una sola palabra: la belleza. Pero es preciso saber bien lo que es amar lo bello: es desear apropiárselo y poseerlo siempre, para ser dichoso. Y como no hay un solo hombre, que no ande en busca de su propia felicidad, es preciso distinguir, entre todos, aquel de quien puede decirse que prosigue la felicidad mediante la posesion de lo bello. Es el hombre que aspira á la produccion de la belleza inediante el cuerpo y segun el espíritu; y como no se cree completamente dichoso, si no se perpetúa esta produccion sin interrupcion y sin fin, se sigue, que el amor no es realmente otra cosa que el deseo mismo de la inmortalidad. Esta es la única inmortalidad posible al hombre respecto del cuerpo. Se produce por el nacimiento de los hijos, por la sucesion y sustitucion de un sér viejo por un sér jóven. Este deseo de perpetuarse es el origen del amor paterno, de esta solicitud para asegurar la trasmision de su nombre y de sus bienes. Pero por cima de esta produccion y de esta inmortalidad mediante el cuerpo, hay las que tienen lugar segun el espíritu. Estas son las propias del hombre que ama la belleza del alma, y que trabaja para producir en un alma bella, que le ha seducido, los rasgos inestimables de la virtud y del deber. De esta manera perpetúa la sabiduría, cuyos gérmenes estaban en él, y se asegura una inmortalidad muy superior á la primera.
Las últimas páginas del discurso de Sócrates están consagradas á expresar la serie de esfuerzos, mediante los que el amor se eleva de grado en grado hasta su fin supremo. El hombre, poseido por el amor, se encanta desde luego de un cuerpo bello, despues de todos los cuerpos bellos, cuyas bellezas son hermanas entre sí. Es el primer grado del amor. Luego se enamora de las almas bellas y de todo lo que en ellas es bello: sus sentimientos y sus acciones. Franquea este segundo grado para pasar de la esfera de las acciones á la de la inteligencia. Allí se siente enamorado de todas las ciencias, cuya belleza le inspira, con una fecundidad inagotable, los más elevados pensamientos y todas esas grandes ideas que constituyen la filosofía. Pero, entre todas las ciencias, hay una que cautiva toda su alma, que es la ciencia misma de lo Bello, cuyo conocimiento es el colmo y la perfeccion del amor. ¿Y qué es esta belleza que tanto se desea y que tan difícil es de conseguir? Es la belleza en sí, eterna, divina, única belleza real, y de la que no son todas las demás sino un reflejo. Iluminado con su pura é inalterable luz, el hombre privilegiado, que llega a contemplarla, siente al fin nacer en él y engendra en los demás toda clase de virtudes. Este hombre es el verdaderamente dichoso, el verdaderamente inmortal.
Despues del discurso de Sócrates, parece que nada queda por decir sobre el amor, y que el Banquete debe concluir. Pero Platon tuvo por conveniente poner de relieve, cuando no se esperaba, la elevacion moral de su teoría mediante el contraste que presenta con la bajeza de las inclinaciones ordinarias de los hombres. Por esto en este instante se presenta Alcibiades, medio ébrio, coronada su cabeza con yedra y violetas, acompañado de tocadoras de flauta y de una porcion de sus compañeros de embriaguez. ¿Qué quiere decir esta orgía en medio de estos filósofos? ¿No pone á la vista, para usar las expresiones de Platon, el eterno contraste de la Venus popular y de la Venus celeste? Pero el ingenioso autor del Banquete ha hecho que produjera otro resultado importante. La orgía, que amenazaba ya hacerse contagiosa, cesa como por encanto en el instante en que Alcibiades ha reconocido á Sócrates. ¡Que imágen del poder, á la vez que de la superioridad de esta moral de Sócrates, se muestra en el discurso en que Alcibiades hace, como á su pesar, el elogio más magnífico de este hombre encantador, dejando ver su cariño para con la persona de Sócrates, su admiracion al contemplar esta razon serena y superior, y su vergüenza al recordar sus propios extravíos!
Despues que Alcibiades concluye de hablar, comienza á circular la copa entre los convidados, hasta que todos, unos en pos de otros, fueron cayendo en la embriaguez. Sócrates, único invencible, porque su pensamiento, extraño á estos desórdenes, preserva de ellos á su cuerpo, conversa sobre diferentes asuntos con los que resisten hasta los primeros albores del dia. Entónces, y cuando todos los convidados se han entregado al sueño, abandona la casa de Agaton, para ir á dedicarse á sus ocupaciones diarias: última manifestacion de esta alma fuerte, que la filosofía habia hecho invulnerable á las pasiones.
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