Chapter 1 of 2
Los diez libros de Diógenes Laercio: Sócrates · 1
1.mw-parser-output.wst-largeinitial{font-size:3em;line-height:0.5;vertical-align:baseline;margin:0em.05em 0em 0em;font-family:inherit}Sócrates fue hijo de Sofronisco, Cantero de profesion, y de Fenareta, obstetriz, como lo dice Platón en el Dialogo intitulado Teetéto. Nacio en Alopéca pueblo de Ática. Hubo quien creyera que Sócrates ayudaba á Eurípides en la composicion de sus Tragedias: por lo qual dice Mnesíloco:
Los Frigios drama es nuevo De Eurípides, y consta Que á Sócrates se debe [1].
Y después:
De Sócrates los clavos corroboran de Eurípides los dramas.
Igualmente Calias en la comedia Los cautivos dice:
Tú te engríes, y estás desvanecido: pero puedo decirte que a Sócrates se debe todo eso.
Y Aristófanes en la comedia Las nubes, escribe:
Y Eurípides famoso, que tragedias compone, lo hace con el auxilio de ese que habla de todo: así le salen útiles y sabias.
2. Habiendo sido discípulo de Anaxágoras, como aseguran algunos, y de Damón, según dice Alejandro en las Sucesiones, después de la condenación de aquél se pasó a Archelao Físico, el cual usó de él deshonestamente, como afirma Aristóxenes[2]. Duris dice que se puso a servir y que fue escultor en mármoles: y aseguran muchos que las Gracias vestidas que están en la Roca[3] son de su mano. De donde dice Timón en sus Sátiras:
De estas Gracias provino el cortador de piedras; el parlador de leyes, oráculo de Grecia. Aquel sabio aparente y simulado, burlador, y orador semiateniense.
En la oratoria era vehementísimo, como dice Idomeneo; pero los treinta tiranos[4] le prohibieron enseñarla, según refiere Jenofonte. También lo moteja Aristófanes porque hacía buenas las causas malas[5]. Según Favorino en su Historia varia, fue el primero que con Esquines, su discípulo, enseñó la retórica: lo que confirma Idomeneo en su Tratado de los discípulos de Sócrates. Fue también el primero que trató la moral, y el primero de los filósofos que murió condenado por la justicia.
3. Aristóxenes, hijo de Espíntaro, dice que era muy cuidadoso en juntar dinero; que dándolo a usura, lo recobraba con el aumento; y reservado éste, daba nuevamente el capital a ganancias. Según Demetrio Bizantino dice, Critón lo sacó del taller y se aplicó a instruirlo, prendado de su talento y espíritu. Conociendo que la especulación de la naturaleza no es lo que más nos importa, comenzó a tratar de la filosofía moral ya en las oficinas, ya en el foro; exhortando a todos a que inquiriesen
qué mal o bien tenían en sus casas.
Muchas veces, a excesos de vehemencia en el decir, solía darse de coscorrones y aun arrancarse los cabellos; de manera que muchos reían de él y lo menospreciaban; pero él lo sufría todo con paciencia. Habiéndole uno dado un puntillón, dijo a los que se admiraban de su sufrimiento: «Pues si un asno me hubiese dado una coz, ¿había yo de citarlo ante la justicia?» Hasta aquí Demetrio.
4. No tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo, disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones cuanto para indagar la verdad. Dicen que habiéndole dado a leer Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le parecía, respondió: «Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador delio». Tenía mucho cuidado en ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena constitución.
5. Militó en la expedición de Amfípolis; y dada la batalla junto a Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la expedición naval de Potidea, no pudiendo ejecutarse por tierra en aquellas circunstancias. En esta ocasión dice estuvo toda una noche en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba mucho, como dice Aristipo en el libro IV De las delicias antiguas.
6. Jon Quío dice que Sócrates en su juventud estuvo en Samos con Arquelao. Aristóteles escribe que también peregrinó a Delfos[6]. Y Favorino afirma en el libro primero de sus Comentarios que también estuvo en el Istmo. Era de un ánimo constante y republicano: consta principalmente que habiendo mandado Cricias y demás jueces traer a Leonte de Salamina, hombre opulento, para quitarle la vida, nunca Sócrates convino en ello; y de los diez capitanes de la armada fue él solo quien absolvió a Leonte. Hallándose ya encarcelado, y pudiendo huir e irse adonde quisiese, no quiso ejecutarlo, ni atender al llanto de sus amigos que se lo rogaban; antes les reprendió, y les hizo varios razonamientos llenos de sabiduría.
7. Era parco y honesto. Pánfila escribe en el libro VII de sus Comentarios que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa para construir una casa, le dijo: «Si yo tuviese necesidad de zapatos, ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego ridículo sería si yo la admitiese». Viendo frecuentemente las muchas cosas que se venden en público, decía para sí mismo: «¡Cuánto hay que no necesito!» Repetía a menudo aquellos yambos:
Las alhajas de plata, de púrpura las ropas, útiles podrán ser en las tragedias; pero de nada sirven a la vida.
Menospreció generosamente a Arquelao Macedón, a Escopas Cranonio y a Eurilo Lariseo; pues ni admitió el dinero que le regalaban, ni quiso ir a vivir con ellos. Tanta era su templanza en la comida, que habiendo habido muchas veces peste en Atenas, nunca se le pegó el contagio.
8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo[7], a la que recibió indotada y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menéxeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.
9. Tenía ánimo para sufrir a cuantos lo molestaban y perseguían. Amaba la frugalidad en la mesa, y nunca pidió recompensa de sus servicios. Decía que «quien come con apetito, no necesita de viandas exquisitas; y el que bebe con gusto, no busca bebidas que no tiene a mano». Esto se puede ver aún en los poetas cómicos, los cuales lo alaban en lo mismo que presumen vituperado. Así habla de él Aristófanes:
¡Oh tú, justo amador de la sapiencia, cuán felice serás con los de Atenas, y entre los otros griegos cuán felice!
Y luego:
Si memoria y prudencia no te faltan, y en las calamidades sufrimiento, no te fatigarás si en pie estuvieres, sentado, o caminando. Tú no temes el frío ni la hambre, abstiéneste del vino y de la gula, con otras mil inútiles inepcias.
Amipsias lo pinta con palio, y dice:
¡Oh Sócrates, muy bueno entre los pocos, y todo vanidad entre los muchos! ¡Finalmente, aquí vienes y nos sufres! Ese grosero manto ¿de dónde lo tomaste? Esa incomodidad seguramente nació de la malicia del ropero.
Por más hambre que tuviese, nunca pudo hacer de parásito. Cuánto aborrecía esta vergonzosa adulación lo testifica Aristófanes, diciendo:
Lleno de vanidad las calles andas, rodeando la vista a todas partes. Caminando descalzo, y padeciendo trabajos sin cesar, muestras no obstante siempre de gravedad cubierto el rostro.
Sin embargo, algunas veces se acomodaba al tiempo y vestía con más curiosidad, como hizo cuando fue a cenar con Agatón: así lo dice Platón en su Banquete.
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