Chapter 9 of 27
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¿No comprendes que a la cabeza de los escritos de un hombre de Estado aparecen siempre los nombres de los que les han prestado su aprobación?
Fedro
¿Cómo?
Sócrates
El senado o el pueblo o ambos, en vista de la proposición de tal..., han tenido a bien... Y aquí se nombra a sí mismo, y hace su propio elogio. En seguida, para demostrar su ciencia a sus adoradores, hace de todo esto un verdadero comentario. Y dime, no es este un verdadero escrito? [309]
Fedro
Convengo en ello.
Sócrates
Si triunfa el escrito el autor sale del teatro lleno de gozo; si se le desecha, queda privado del honor de que se le cuente entre los escritores y autores de discursos, y así se desconsuela y sus amigos se afligen con él.
Fedro
Sin duda.
Sócrates
Es evidente que, lejos de desdeñar este oficio, le tienen en gran estimación.
Fedro
Convengo en ello.
Sócrates
¿Pero qué?, cuando un orador o un rey, revestido del poder de un Licurgo, de un Solón, de un Darío, se inmortaliza en un Estado, como autor de discursos, no se mira a sí mismo, como un semi-dios durante su vida, y la posteridad, ¿no tiene de él la misma opinión, en consideración a sus escritos?
Fedro
Seguramente.
Sócrates
¿Crees tú, que ningún hombre de Estado, cualesquiera que sean su carácter y su prevención contra Lisias, pretenda hacerle ruborizar por su título de escritor?
Fedro
No es probable, conforme a lo que dices, porque sería a mi parecer difamar su propia pasión.
Sócrates
Por lo tanto, es evidente que nadie puede avergonzarse de componer discursos.
Fedro
Conforme. [310]
Sócrates
Pero, en mi opinión, lo vergonzoso no es el hablar y escribir bien, sino el hablar y escribir mal.
Fedro
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