Chapter 7 of 30
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Alcibíades: Justamente.
Sócrates: Pero si en lugar de querer saber lo que significan las palabras hombre o caballo, quisiéramos saber si un caballo es bueno o malo, ¿el pueblo sería capaz de enseñárnoslo?
Alcibíades: No, seguramente.
Sócrates: Porque una prueba bien segura de que no lo sabe y de que no puede enseñarlo es que no está de acuerdo sobre este punto consigo mismo.
Alcibíades: Sin duda.
Sócrates: Y si quisiéramos saber, no lo que quiere decir la palabra hombre, sino lo que es un hombre sano o enfermo, ¿el pueblo estaría en estado de decírnoslo?
Alcibíades: Menos aún.
Sócrates: En todo lo que le veas en desacuerdo consigo mismo, ¿no le juzgarás muy mal maestro?
Alcibíades: Sin dificultad.
Sócrates: ¿Y crees tú que sobre lo justo y lo injusto y sobre sus propios negocios el pueblo esté más de acuerdo consigo mismo que en los demás?
Alcibíades: No, ¡por Júpiter!
Sócrates: ¿No crees tú que precisamente en esto es en lo que menos de acuerdo está el pueblo?
Alcibíades: Estoy persuadido de eso.
Sócrates: Has oído ni leído jamás, que por sostener que una cosa está sana o enferma, hayan tomado los hombres las armas y se hayan degollado los unos a los otros?
Alcibíades: ¡Qué locura!
Sócrates: Pero confiesa que si no lo has visto, por lo menos has leído que eso ha sucedido por sostener que una cosa es justa o injusta; por ejemplo, en la Odisea y en la Iliada de Homero.
Alcibíades: Sí, seguramente.
Sócrates: El fundamento de estos poemas ¿no es la diversidad de opiniones sobre la justicia y la injusticia?
Alcibíades: Sí, Sócrates.
Sócrates: ¿No es esta diversidad la que causó tantos combates y tantas muertes entre los griegos y troyanos, la que ha hecho pasar por tantos peligros a Ulisses, y la que perdió a los amantes de Penélope?
Alcibíades: Dices verdad.
Sócrates: ¿No es esta misma diversidad sobre lo justo y lo injusto la única causa que ha hecho perecer a tantos atenienses, lacedemonios y beocios en la tomada de Tanagre, y después de ésta en la batalla de Coronea, donde recibió la muerte tu padre?
Alcibíades: ¿Podrá nadie negarlo?
Sócrates: ¿Nos atreveremos a decir que el pueblo sabe bien una cosa sobre la que disputa con tanta animosidad, dejándose llevar de los más funestos arranques?
Alcibíades: No, sin duda.
Sócrates: ¡Ah! ¡mira los maestros que nos citas; en el acto mismo reconoces su ignorancia!
Alcibíades: Lo confieso.
Sócrates: ¿Qué trazas hay de que tú sepas lo que es justo o injusto, cuando se te ve tan indeciso y tan fluctuante, y cuando ni lo has aprendido de los demás, ni lo has descubierto por ti mismo?
Alcibíades: Ninguna traza hay, según tú dices.
Sócrates: ¿Cómo, según tú dices? hablas muy mal, Alcibíades.
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