Chapter 3 of 14
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—Dime, Lisis, tu padre y tu madre te quieren mucho; ¿no es así?
—Mucho, me dijo.
—Por consiguiente, ¿querrán hacerte lo más feliz del mundo?
—¿Puede ser otra cosa?
—Y ¿consideras dichoso al que es esclavo y no es libre de hacer lo que quiere?
—No, ¡por Júpiter! no es dichoso.
—Entonces tu padre y tu madre, si te aman verdaderamente y quieren tu felicidad, deben hacer los mayores esfuerzos para hacerte dichoso.
—Es claro.
—¿Te dejan, pues, hacer todo lo que quieres, sin regañarte nunca, ni impedirte obrar a tu capricho?
—¡Por Júpiter! sucede todo lo contrario; me impiden hacer muchas cosas, Sócrates.
—¿Cómo así? ¿quieren que seas dichoso, y te impiden hacer tu voluntad? Dime; ¿si quisieses montar en uno de los carros de tu padre, y tomar las riendas cuando hay alguna lucha, te lo permitiría tu padre o te lo prohibiría?
—Ciertamente que no me lo permitiría.
—Y ¿a quién lo encomienda?
—Hay un conductor que recibe por esto un salario de mi padre.
—¿Qué dices? ¿permite a un mercenario mejor que a tí hacer lo que quiere de los caballos, y le da además un salario?
—¿Por qué no? dijo.
—¿Pero se te permite conducir la yunta de mulas y castigarlas con el látigo cuando te acomode?
—¿Cómo quieres que se me permita eso?
—Entonces nadie puede castigarlas.
—Sí, verdaderamente, dijo; el mulatero puede hacerlo.
—¿Es libre o esclavo?
—Esclavo.
—Tus padres, a lo que veo, hacen más caso de un esclavo que de ti, que eres su hijo, puesto que le confían, con preferencia a ti, lo que les pertenece, y le permiten hacer lo que quiere en el acto mismo que te lo prohíben a ti. Pero dime aún; ¿te dejan en libertad de conducirte por ti mismo?
—¿Cómo me lo habían de permitir?
—¿Pues quién te guía?
—Mi pedagogo, que ahí está.
—¿Es esclavo?
—Sí, y propiedad nuestra.
—Vaya una cosa singular, dije yo: ¡ser libre y verse gobernado por un esclavo! ¿qué hace tu pedagogo para gobernarte?
—Me lleva a casa del maestro.
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