Chapter 2 of 77
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¿Y qué resultaría, si descubriéramos algún otro medio preferible a estos dos?, ¿no es cierto que si nos encontramos con que este tercer medio tiene más afinidad con el placer, apareceremos en verdad tú y yo por bajo de este tercer medio, en que se unirán el placer y la sabiduría, [21] pero quedando la vida del placer con mayor influencia sobre la vida de la sabiduría?
Protarco
Sí.
Sócrates
Y que si este tercer medio se aproxima más a la sabiduría, la sabiduría triunfará del placer, y será este vencido?, ¿estáis de acuerdo conmigo sobre esto?, ¿qué pensáis uno y otro?
Protarco
A mí me parece que sí.
Sócrates
Y a ti, Filebo, ¿qué te parece?
Filebo
Creo y creeré siempre, que la victoria está sin duda del lado del placer. Por lo demás, Protarco, tú mismo juzgarás.
Protarco
Puesto que tú, Filebo, pones en nuestras manos la cuestión, no eres árbitro de conceder o negar nada a Sócrates.
Filebo
Tienes razón, y heme aquí fuera de la disputa; sea de ello testigo la diosa misma del placer.
Protarco
Nosotros seremos ante ella testigos de lo que acabas de decir. Y ahora, Sócrates, tratemos de terminar esta discusión con beneplácito de Filebo, o de cualquiera manera que sea.
Sócrates
Sí, y comencemos por esta misma diosa, a que se refiere Filebo, que es Venus, aunque su verdadero nombre es el Placer.
Protarco
Muy bien. [22]
Sócrates
En todo tiempo, Protarco, mi temor, al pronunciar los nombres de los dioses, no es un temor humano, sino que está por cima de los mayores temores, y por esto doy en este acto a Venus el nombre que más debe agradarle. En cuanto al placer, creo que tiene más de una forma, y como ya he dicho, nos es preciso comenzar por él, examinando cuál es su naturaleza. Al oírle nombrar, como nosotros hacemos, se le tomaría por una cosa simple. Sin embargo, toma formas de toda especie, y en ciertos conceptos desemejantes entre sí. En efecto, fija en ello tu atención. Podemos decir, que el hombre estragado encuentra placer en el libertinaje, y el hombre moderado en la templanza; que el insensato, lleno de opiniones y esperanzas locas, tiene placer, y que el sabio le encuentra igualmente en la sabiduría. Pero si alguno se atreviere a decir que estas dos especies de placer son semejantes entre sí, ¿no pasaría con razón por un extravagante?
Protarco
Es cierto, Sócrates, que estos placeres vienen de orígenes opuestos, pero no por esto se oponen el uno al otro. Porque, ¿cómo el placer puede dejar de ser lo más parecido al placer, es decir, a sí mismo?
Sócrates
entonces el color, querido mío, en tanto que color no difiere en nada del color. Sin embargo, todos sabemos que lo negro, además de ser diferente de lo blanco, es de hecho opuesto a aquel. En igual forma, no considerando más que el género, toda figura es lo mismo que otra figura; pero, si se comparan las especies, hay algunas enteramente opuestas y otras diversas entre sí hasta el infinito. Otras muchas cosas encontraremos, que están en el mismo caso. Por tanto, no puede darse fe a la razón que acabas de alegar, porque confundes en uno los [23] objetos más contrarios. Sospecho que no descubriremos placeres contrarios a otros placeres.
Protarco
Quizá los hay. Pero, ¿qué perjudica esto a la opinión que yo defiendo?
Sócrates
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