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The ConsciousLibrary
Plato
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Chapter 2 of 3

ARGUMENTO.

Sócrates, que en la Apología sólo pudo mantenerse filósofo á condicion de divorciarse de la constitucion religiosa de Atenas, se rehace y convierte en este diálogo, por una especie de compensacion, en un ciudadano inflexible en la obediencia á las leyes de la república. Someterse á las leyes es una obligacion absoluta; es el deber. Tal es el objeto de este diálogo.

Los amigos de Sócrates, despues de haber ganado al alcaide de la cárcel donde esperaba el dia de su muerte, le enviaron uno de ellos, Criton, para que le suplicara encarecidamente que salvara su vida por la fuga.

Todas las razones que puede inspirar una ardiente amistad para ahogar los escrúpulos de un alma recta, Criton las hizo valer con la más afectuosa insistencia. Pero la tierna solicitud que resalta en su lenguaje, disfraza, sin atenuarla, la debilidad de los motivos de que se inspira comunmente, en circunstancias críticas, la acomodaticia probidad del vulgo. Así lo entendió Sócrates. A les lamentos de Criton, en razon del deshonor y desesperacion que amagaban á sus amigos, la suerte que estaba reservada á sus hijos condenados á la orfandad, él opuso esta inevitable alternativa: ¿la fuga es justa ó injusta? Porque es preciso resolverse en todos los casos, no por razones de amistad, de interés, de opinion; sino por razones de justicia. Pero la justicia le prohibe fugarse, porque seria desobedecer las leyes, acto injusto en sí mismo, ejemplo funesto al buen órden público, ingratitud, en fin, para con estas leyes que han presidido como madres y nodrizas á su nacimiento, á su juventud y á su educacion. Existe un compromiso tácito entre el ciudadano y las leyes; éstas, protegiéndole, tienen derecho á su respeto. Nadie ignora este pacto; ninguno puede sustraerse á él; ninguno se libra, violándole, de los remordimientos de su conciencia, cualquiera que sea el rodeo que haya tomado para engañarse á sí mismo.

Tal es la inflexible doctrina, por la que Sócrates, destruyendo piedra por piedra el frágil edificio de la moral de Criton, que es la moral del pueblo, prefiere á su salud el cumplimiento rigoroso de su deber. ¿Podria ser de otra manera? ¡Qué contradiccion resultaria si el mismo hombre que ántes, en la plaza pública, á presencia de sus jueces, se habia regocijado de su muerte como del mayor bien que podia sucederle, hubiera renegado, fugándose, de ese valor y de esas sublimes esperanzas del dia de su proceso! Sócrates, el más sabio de los hombres, se convertiria en un cobarde y mal ciudadano. Criton mismo se vió reducido al silencio por la firme razon de su maestro, quien le despide con estas admirables palabras: «Sigamos el camino que Dios nos ha trazado. Dios es el deber mismo, porque es su orígen: realizar su deber es inspirarse en Dios.»

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