Chapter 27 of 30
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Sócrates: Un ojo, para verse, debe mirar en otro ojo, y en aquella parte del ojo, que es la más preciosa, y que es la única que tiene la facultad de ver?
Alcibíades: ¿Quién lo duda?
Sócrates: Porque si fijase sus miradas sobre cualquiera otra parte del cuerpo del hombre, o sobre cualquier otro objeto, a menos que no fuese semejante a esta parte del ojo que ve, de ninguna manera se vería a sí mismo.
Alcibíades: Tienes razón.
Sócrates: Un ojo, que quiere verse a sí mismo, debe mirarse en otro ojo, y en esta parte de ojo, donde reside toda su virtud, es decir, la vista.
Alcibíades: Seguramente.
Sócrates: Mi querido Alcibíades, ¿no sucede lo mismo con el alma? para verse ¿no debe mirarse en el alma, y en esta parte del alma donde reside toda su virtud, que es la sabiduría, o en cualquiera otra cosa a la que esta parte del alma se parezca en cierta manera?
Alcibíades: Así me lo parece.
Sócrates: ¿Pero podremos encontrar alguna parte del alma, que sea más divina que aquella en que residen la esencia y la sabiduría?
Alcibíades: No ciertamente.
Sócrates: En esta parte del alma, verdaderamente divina, es donde es preciso mirarse, y contemplar allí todo lo divino, es decir, Dios y la sabiduría, para conocerse a sí mismo perfectamente.
Alcibíades: Así me parece.
Sócrates: Conocerse a sí mismo es la sabiduría, según hemos convenido.
Alcibíades: Es cierto.
Sócrates: No conociéndonos a nosotros mismos, y no siendo sabios, ¿podemos conocer ni nuestros bienes, ni nuestros males?
Alcibíades: ¡Ah! ¿cómo los conoceríamos, Sócrates:?
Sócrates: Porque no es posible que el que no conoce a Alcibíades conozca lo que pertenece a Alcibíades, como perteneciendo a Alcibíades.
Alcibíades: No, ¡por Júpiter! eso no es posible.
Sócrates: Sólo conociéndonos a nosotros mismos, es como podemos conocer, que lo que está en nosotros nos pertenece.
Alcibíades: Seguramente.
Sócrates: Y si no conociésemos lo que está en nosotros, no conoceríamos tampoco lo que se refiere a las cosas que están en nosotros.
Alcibíades: Lo confieso.
Sócrates: Hemos hecho mal, cuando hemos convenido en que hay gentes, que no conociéndose a sí mismos, conocen sin embargo lo que está en ellos, porque ni aun las cosas que pertenecen a lo que está en ellos conocen. Estos tres conocimientos: conocerse a sí mismo, conocer lo que está en nosotros, y conocer las cosas que pertenecen a lo que está en nosotros, están ligados entre sí; son efecto de un solo y mismo arte.
Alcibíades: Así parece.
Sócrates: Todo hombre que no conoce las cosas que están en él, no conocerá tampoco las que pertenecen a otros.
Alcibíades: Eso es verdad.
Sócrates: No conociendo las cosas pertenecientes a los demás, no puede conocer las del Estado.
Alcibíades: Es una consecuencia necesaria.
Sócrates: ¿Un hombre semejante puede ser alguna vez un buen hombre de Estado?
Alcibíades: No.
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