Chapter 24 of 30
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Alcibíades: Eso es cierto.
Sócrates: ¿Hay alguna cosa que se sirva del cuerpo más que el alma?
Alcibíades: No, no hay más que el alma.
Sócrates: ¿Es ella la que manda?
Alcibíades: Ciertamente.
Sócrates: Y yo creo, que no hay nadie que no se vea forzado a reconocer...
Alcibíades: ¿Qué?
Sócrates: Que el hombre es una de estas tres cosas.
Alcibíades: ¿Qué cosas?
Sócrates: O el alma o el cuerpo, o el compuesto de uno y otro.
Alcibíades: Conforme.
Sócrates: ¿Pero estamos conformes en que el alma manda al cuerpo?
Alcibíades: Lo estamos.Sócrates. ¿El cuerpo se manda a sí mismo?
Alcibíades: No, ciertamente.
Sócrates: Porque hemos dicho que el cuerpo es el que obedece.
Alcibíades: Sí.
Sócrates: Luego no es lo que buscamos.
Alcibíades: Así parece.
Sócrates: ¿Es el compuesto el que manda al cuerpo? ¿y éste compuesto es el hombre?
Alcibíades: Podrá suceder.
Sócrates: Nada menos que eso, porque no mandando uno de los dos, es imposible que los dos juntos manden.
Alcibíades: Eso es muy cierto.
Sócrates: Puesto que ni el cuerpo ni el compuesto de alma y cuerpo son el hombre, es preciso de toda necesidad, o que el hombre no sea absolutamente nada, o que el alma sola sea el hombre.
Alcibíades: Seguramente.
Sócrates: ¿Hay necesidad de demostrar aún más claramente que el alma sola es el hombre?
Alcibíades: No, ¡por Júpiter! está bastante probado.
Sócrates: Aún no hemos profundizado esta verdad con toda la exactitud que ella exige, pero es suficiente la prueba hecha, y esto basta. La profundizaríamos más, cuando hubiésemos encontrado lo que acabamos de abandonar, porque era de difícil indagación.
Alcibíades: ¿Qué es?
Sócrates: Lo que dijimos antes, que era preciso, en primer lugar, conocer la esencia de las cosas generalmente hablando, y en lugar de esta esencia absoluta nos hemos detenido a examinar la esencia de una cosa particular, y quizá esto baste, porque no podremos encontrar en nosotros nada que sea más que nuestra alma.
Alcibíades: Eso es muy cierto.
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