Chapter 1 of 4
Soliloquios, libro IV · 1
El espíritu que en el hombre domina[1], cuando va bien concertado con la naturaleza, se halla en tal estado respecto á los acontecimientos, que siempre puede aplicarse con facilidad á lo que en el lance se le permite y propone como practicable; porque no se ata ni prefiere á materia alguna en particular, sino de suyo se propone lo mejor, aunque siemque pre con la debida excepción, si se pudiere; y asi cualquier[2] estorbo que le sobreviniere hace de él y lo mira como materia y ejercicio de virtud. No de otra manera que cuando un vehemente fuego se apodera de la materia que encuentra ó le arrojan, capaz de apagar otra pequeña luz, al instante se la convierte en sí mismo, y resuelve, y con esto mismo se propaga y crece.
[1] Los estoicos usan de mil nombres para significar la mente humana: Cicerón la llama Principatum; Séneca Principale; Varrón con el nombre común Animum: Mentem.
[2] Aristóteles es de este mismo diotamen.
Ninguna obra se ha de ejecutar en vano, ni de otro modo que con una exacta atención y conformidad con las reglas del arte[3].
Muchos para su retiro buscan las casas de campo las orillas del mar, los montes; cosas que tú mismo solías desear con anhelo; pero todo esto es una vulgaridad, teniendo uno en su mano el recogerse en su interior y retirarse dentro de si en.la hora que le diere la gana; porque en ninguna parte tiene el hombre un retiro más quieto ni más desocupado que dentro de su mismo espiritu, especialmenteaquel que dentro de sí tiene tal provisión de documentos que al punto, dándoles una ojeada, se halla en suma tranquilidad. La que yo ahora llamo tranquilidad no es otra cosa que un ánimo bien dispuestoy ordenado. Date, pues, de continuo á este retiro, y rehazte de nuevo en él. Tendrás para esto ciertosrecuerdos breves, como primeros principios ó elementos, los cuales, prontamente reducidos á la memoria, serán eficaces para borrar y quitarte toda pesadumbre, y para restituirte libre de enfado á aquellasfunciones á las cuales hubieres de volver. Porque ¿qué cosa es la que no puedes sufrir con paciencia? zes la ruindad de los hombres? Sin embargo, haciendo tú sobre estas máximas la reflexión que los hombres nacieron para ayudarse unos á otros, y que de justicia deben[4] sufrirse mutuamente, y que pecan forzados[5] y contra su intento, haciendo- [3] Este consejo es de Cicerón, Off., lib. 1, cap. X: Omnis antem actio vacare debet temeritate, et negligentia.
[4] Estos primeros elementos de la moral, tan inculcadospor Platón (ep. 9, ad Archyt.)[5] Esta es otra paradoja llena de confusión: todos pecan también memoria de cuántos son los que hasta aqui dados á la enemistad, al odio, á las sospechas, á las pendencias y contiendas, al cabo murieron[6] y fueron reducidos á cenizas; créeme, podrás ya con estas reflexiones dejar de enojarte contra nadie.
¿Pero quizá llevas pesadamente las disposiciones y sucesos del universo? mira, dejarás de disgustarte renovando en tu memoria aquel dilema[7]: una de dos, ó la providencia ó los átomos lo levan ast, ó teniendo presentes aquellas razones con las cuales se sin querer, ó contra su intento. Si se exanina lo que los antiguos pretendian decir en aquella sentencia, se verá que no es otra cosa que la que en las escuelas se oye cada día: Nemo amat malum, qua malum, neque odit bomum, qua bonum.
De este principio evidente dedujeron una consecuencia obscura: todos pecan sin querer. El misterio ó enigma puede descifrarse del modo siguiente: hay en el pecudo su bien fisico, útil ó deleitable; hay también su mal moral, torpe y contrario á la ley. El que peca se deja llevar de la idea del bien fisico, á éste ama sólo; no atiende como pudiera y debiera á la idea del mal moral; antes desvia de ésta los rjos del alma; y así se verifica que, considerando el pecado como bien, lo ama por razón del bien fisico; y no queriendo considerarlo como á mal, d ja de aborrecerlo por razón del mul moral. Peca, pues, no porque ame el mul moral, en cuanto es su mal; supuesto que mal, en cuanto mal, ni se ama, ni se puede amar; sino que por amar el bien fisico deja de aborrecer el mal mural, del cual aparta la vista.
[6] La metáfora con que explica las riñas, bregas, contiendas y pendencias es tomada de las escaramuzas de la tropa ligera.
[7] Ěl dilema, más filosófico que racional, tiene esta fuerza: los eventos, ó son dirigidos por una sabia providencia, ó son producidos por una temeraria fortuna, cual es el concurso ciego de los átomos. Si lo primero, es propio de la Religión el conformarse con ellos, pues son ordenados por Dios; si lo segundo, es oficio de la prudencia el resistirles, oponiendo contra su temeridad nuestro consejo, y haciendo de la necesidad un libre ejercicio de paciencia.
demuestre que el mundo es como una ciudad ó estado, cuyo bien público debes anteponer al tuyo propio.
¿Pero acaso te dan pena estas cosas corpóreas y sensibles de acá? sin embargo, dejarás de afligirte reflexionando que la mente, si una vez se recogiere[8] dentro de si y conociere su propia virtud, no se mezcla ni toma partido en las conmociones lenes ni ásperas que en el cuerpo siente, y recapacitando también todo cuanto hayas oido y aprobado cerca de la molestia y del placer. Pero por ventura te arrastra la ambicioncilla y deseo de aplauso? no obstante, dejarás de andar solicito en este punto echando los ojos hacia la prontitud con que viene el olvido de todas las cosas; hacia aquel caos de la eternidad, por una y otra parte interminable; hacia la vanidad del aplauso ruidoso; hacia la inconstancia y falta de juicio[9] en aquellos que al parecer nos favorecen con su aplauso, y finalmente, hacia la estrechez del lugar en que la fama se encierra. Porque además de que toda la tierra es un punto, dime, ¿cuản reducido es aquel rinconcito que en ella se habita? y en ésta, ¿cuántos son y cuáles al cabo los que te han de alabar? Réstate, pues, el que te acuerdes de retirarte dentro de aquella partecita en donde mora tu mismo espí- [8] Lo que M. Aurelio quiere persuadirnos, ó es una paradoja ó un insigne error de fisica; y es que el alma recogida dentro de sí no tiene parte en las mociones suaves ó ásperas del apetito.
[9] Cuando de veras se desea la justicia, se busca un juez que sepa y quiera hacerla; pero cuando se pretende la gloria, se toma por árbitro de ésta al vulgo, que no sepa juzgar del mérito ni lo desee para si: Non est consilium in vulgo, non ratio, non discrimen, non diligentia, que dijo Cicerón pro Plauco.
ritu[10], y sobre todo, que no te distraigas ni tomes sobrado empeño por cosa alguna; antes bien, muéstrate superior á todas ellas, y míralas como varón fuerte, como hombre grave, como buen ciudadano, como quien vive para morir. Pero con especialidad, entre las otras máximas de que muy á menudo sueles echar mano, debes tener á punto estas dos: la una, que las mismas cosas no llegando al alma, sino quedándose inmobles á la parte de afuera, todas tus inquietudes provienen sólo del modo que interiormente tienes de opinar[11]; la otra, que todas estas cosas que ves, no bien habrás vuelto los ojos cuando se habrán ya mudado para no permanecer más. Y tú misıno puedes frecuentemente reflexionar cuántas mutaciones has alcanzado ya en ellas: el mundo es una continua mutación y una imaginación la vida.
Si es verdad que todos los hombres tenemos un mismo principio[12] de entender, también lo es que[10] Los estoicos parece que encerraban su iyeuovixdv no en toda la cabeza. ni en la glándula pineal, sino en todo el corazón. Laërt., lib. vi1.
[11] Nada inás verdadero que todo penda del modo de pensar; por tanto, los misticos y ascéticos inculcan en que la virtud debe fundarse, como en su principio, en la corrección de las ideas y opiniones.
[12] Nadie se imagine que en este lugar se deje ver algún rastro de panteísmo, como si un mismo iyepovtxdv estuviese en todos los hombres, con sola la diferencia de la modificación. M. Aurelio dice que la mente de cada uno proviene de una misma fuente: uno ec fonte omnium nostrum defluunt animæ, según se explica Arnob., lib. 11 Ni pretende que todos en una idea, razón, especie inteligible, la misma en número, veamos las cosas dv to óyw lo que se ha imaginado Malebranche. El error de M. Aurelio está en desmenutodos tenemos una misma razón, con la que somos racionales; y si esto es así, igualmente estamos dotados de una razón práctica de lo que se debe hacer ó no; si esto es cierto, á todos nos comprende una misma ley; y si nos comprende, todos somos conciudadanos; y si lo somos, todos participamos de alguna parte de la policía común; y si todo es verdad, viene á ser el mundo un estado universal. Pues si no, que diga alguno, ¿de qué otro estado común podrá participar todo el linaje humano? Sin duda que de aquí, de esta común ciudad del universo nos viene á nosotros la facultad de entender y de usar de razón, como también de poder obrar según ley; y si no, ¿de dónde nos proviene? Porque asi como la parte térrea que tengo en mí la tengo tomada del elemento de la tierra, la húmeda tomada de algún otro elemento, la aérea tomada de cierto origen, y la cálida é ignea tomada de su origen particular (supuesto que nada viene de la nada, al modo que nada va á parar á la nada), así[13] también de alguna parte nos viene el principio de entender.
La muerte y la generación, cosas entre si muy zar la divinidad en tantas partículas principales, y en no hacer al alma una criatura hecha de la nada.
[13] De un error quiere M. Aurelio colegir una verdad, nomirando posible la creación; punto en que casi toda la Filosofia pagana deslizó. Buscaba el origen ó fuente de la naturaleza racional ó alma humana, y no hallándolo en los cuerpos, lo derivaba de Dios, el cual se partiese en tantas porciones de razón cuantas fuesen las naturalezas racionales; y asi puede aplicarse á esta Filosofia de nuestro Emperador lo que dice Virgilio de la Sibila de Cumas, lib. Iv.
Horrendas canit ambages, antróque remugit, Osccuris vera involvens.
parecidas, son un misterio de la[14] Naturaleza: ésta es una condensación de aquellos mismos elementos de que aquélla es una disolución: en suma, nada hay en aquéllas de que deba uno avergonzarse[15], no hallándose en ellas cosa que no sea conforme á un viviente animado é intelectivo, ni que repugne á su estado y condición.
Siendo tales[16] los hombres, tales deben ser natural y necesariamente[17] sus acciones: y quien no[14] M, Aurelio llama misterio á lo que reputó (lib. 11, párr. 12) quoEwç Epyov no en el sentido de aquellos que no se hartan de llamar al hombre enigma, misterio, prodigio, cuos y otras cosas, para probar que el pecado original es una sustancia ó cualidad real y positiva que hace al hombre un animal monstruoso y una prodigiosa quimera.
[15] Nada positivo hay en la naturaleza del hombre de que éste deba correrse, si no quiere infamar á su autor ó darla un autor maniqueo. El pecado original no es un ente positivo, sino un húbito privatico, como lo llaman los teólogos, del que, como de un vergonzoso manantial, debe uno correrse, pero no hacer por él una penitencia de por vida.
Porque según los Sumos Pontifices, que condenaron la doctrina de Bayo, pu:o Dios criar al hombre en el estado de pura naturaleza.
[16] Parece que el Emperador, acabada de recibir alguna injuria, antes que vengarse con la espada quiso consolarse con la pluma, echando la culpa á la condicion humana.
[17] Necesariamente Habla en sentido popular de una necesidad moral de pecar, que este presente sistema de la naturaleza corrompida lleva consigo, y no de una absoluta necesidad, que en vez de culpable haria la naturaleza impecable. No obstante, si alguno quisiere, atribuyendo al hado lanecesidad, excusar su culpa, podrá oir á Zenón, autor y padre del hado, el cual castigando á un esclavo por ladrón, y éste, echando la culpa al hado decía, llevaba mi hado que yo robase, respondió:y también el que seas ahora desollado. Discúrrase y dogmaticese como se quiera, sobre el hado, sobre la necesidad, fuerza, delectación, ignorancia, coacción; con quisiere esto, querrá que no tenga leche la higuera.
Absolutamente será bueno que te acuerdes que dentro de brevísimo tiempo, tanto tú como esotro enemigo[18] moriréis, y que poco después ni aun de vuestro nombre quedará memoria.
Echa de tí esa mal entendida opinión[19], y con eso no se incurre en la queja importuna de decir, he sido infamado, precávete de esto también y así se evita todo daño.
Todo aquello que no hace que un hombre sea en sí peor de lo que antes era; esto no empeora su vida ni le acarrea mengua alguna ni exterior, ni interiormente.
Por su propio interés y provecho se vió obligada la naturaleza á producir esto que vemos.
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