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The ConsciousLibrary

Chapter 8 of 49

CAPÍTULO X Cómo se ha de cercenar la demasía de las palabras

1. Excusa cuanto pudieres el ruido de los hom- bres, pues mucho estorba el tratar de las cosas del siglo, aunque se digan con buena intención.

orque presto somos amancillados y cautivos de la vanidad.

Muchas veces quisiera haber callado y no haber estado entre los hombres.

Pero ¿cuál es la causa por que tan de gana habla- mos y platicamos unos con otros, viendo cuán pocas veces volvemos al silencio sin daño de la conciencia?

La razón es que por el hablar buscamos ser con- solados unos de otros, y deseamos aliviar el cora- zÓn, fatigado de pensamientos diversos.

Y de muy buena gana nos detenemos en hablar ó pensar de las cosas que amamos ó de las adversas que sentimos.

2. Mas, ¡ay dolor!, que muchas veces sucede va- namente y sin fruto, porque esta exterior consola- ción es de gran detrimento á la interior y divina.

Poreso velemos y oremos, no se nos pase el tiem- po en balde.

Si puedes y conviene hablar, sea de cosas que edifiquen.

La mala costumbre y el descuido en aprovechar ayudan mucho á la poca guarda de nuestra lengua.

Pero no poco servirá para nuestro espiritual apro- vechamiento la devota plática de cosas espirituales, especialmente cuando muchos de un mismo espiritu y Corazón se juntan en Dios.

Cómo se debe adquirir la paz, y del celo de aprovechar.

1. Mucha paz tendríamos si en los dichos y he- chos ajenos que no nos pertenecen no quisiésemos meternos.

¿Cómo quiere estar en paz mucho tiempo el que se entremete en cuidados ajenos y busca ocasiones exteriores,? dentro de sí poco 6 tarde se recoge?

Bienaventurados los sencillos, porque tendrán mucha paz.

2. ¿Cuál fué la causa por que muchos de los San- tos fueron tan perfectos y contemplativos?

Porque estudiaron en mortificarse totalmente 4 todo deseo terreno, y por eso pudieron con lo ínti- mo del corazón allegarse á Dios y ocuparse libre- mente en sí mismos.

Nosotros nos ocupamos mucho con nuestras pa- siones, y tenemos demasiado cuidado de lo que es transitorio..

Y también pocas veces vencemos un vicio perfec- tamente ni nos alentamos para aprovechar cada día, y por eso nos quedamos tibios, y aun frios.

|. Si fuésemos perfectamente muertos á nosotros mismos y en lo interior desocupados, entonces po- dríamos gustar las cosas divinas y experimentar algo de la contemplación celestial.

limpedimento mayor es que somos esclavos de nuestras inclinaciones y deseos y no trabajamos por entrar en el camino perfecto de los Santos.

Y también cuando alguna adversidad se nos ofre- ce, muy presto nos desalentamos y nos volvemos á las consolaciones humanas.

4. Sinosesforzásemos más en la batalla á pelear

Como fuertes varones, veriamos, sin duda, la ayuda del Señor que viene desde el Cielo sobre nosotros.

Porque dispuesto está á socorrer á los que pelean y esperan en su gracia, y nos proporciona ocasiones de pelear para que alcancemos la victoria.

Si solamente en las observancias de fuera pone- mos el aprovechamiento de la vida religiosa, presto se nos acabará la devoción que teníamos.

Mas pongamos la segur á la raiz, por que libres de las pasiones poseamos pacíficas nuestras almas.

5. Si cada año desarraigásemos un vicio, presto seríamos perfectos.

Mas ahora, al contrario, muchas veces experimen- tamos que fuimos mejores y más puros en el prin- cipio de nuestra conversión que después de mu- chos años de profesos.

Nuestro fervor y aprovechamiento cada día debe crecer; mas ahora ya nos parece mucho conservar alguna parte del primer fervor.

i al principio hiciésemos algún esfuerzo, podría- mos después hacerlo todo con facilidad y gozo. Grave cosa es dejar la costumbre; pero más grave es ir contra la propia voluntad.

Mas si no vences las cosas Pequeñas y ligeras, ¿cómo vencerás las dificultosas

Resiste en los principios á tu inclinación, y deja la mala costumbre para que no te lleve poco á poco á mayor dificultad.

¡on ¡Si mirases cuánta paz á ti mismo y cuánta ale- gría darías á los otros rigiéndote bien, yo creo que serías más solícito en el aprovechamiento espiritual!

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CAPÍTULO X Cómo se ha de cercenar la demasía de las palabras · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library