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Chapter 44 of 49

CAPÍTULO LVII No debe acobardarse demasiado el que cae en algunas faltas

JESUCRISTO: 1. Hijo, más me agradan la humildad y la paciencia en la adversidad, que el mucho con- suelo y devoción en la prosperidad.

¿Por qué te entristece una pequeña cosa dicha contra ti?

Aunque más fuera, no debieras inquietarte.

Mas ahora déjala pasar, porque no es la primera ni nueva, ni será la última si mucho vivieres.

Harto esforzado eres cuando ninguna cosa con- traria te viene,

Aconsejas bien y sabes alentar á otros con pala- bras; pero cuando viene á tu puerta alguna repen- tina tribulación, luego te falta consejo y esfuerzo.

Mira tu gran fragilidad, que experimentas á cada paso en pequeñas ocasiones; mas todo este mal que te sucede redunda en tu salud,

2. Apártalo como mejorsupieres de tu corazón, y si llegó á tocarte, no permitas que te abata ni te leve embarazado mucho tiempo.

ae á lo menos con paciencia, si no puedes con alegría. si oyes algo contra tu gusto y te sientes irri- tado, refrénate, y no dejes salir de tu boca alguna alabra desordenada que pueda escandalizar á los nocentes.

Presto se aquietará el ímpetu excitado en tu cora- zón, y el dolor interior se dulcificará con la vuelta de la gracia.

Aún vivo Yo (dice el Señor), dispuesto para ayu- darte y para consolarte más deloacostumbrado, si confías en MÍ y me llamas con devoción.

3, Ten buen ánimo, y apercíbete para trances mayores.

Aunque te veas muchas veces atribulado ó gra- vemente tentado, no por eso está ya todo perdido.

Hombre eres, y no Dios; carne, y no ángel.

¿Cómo podrás tú estar siempre en un mismo esta- do de virtud, cuando le faltó al ángel en el Cielo y al orimer hombre en el Paraíso?

Yo soy el que levanta con entera salud á los que Moran, y traigo á mi Divinidad á los que conocen su flaqueza.

EL ALMA: 4, ¡Señor, bendita sea tu palabra, dulce para mi boca más que la miel y el panal!

.¿Qué haría yo en tantas tridulaciones y angus- tias si Tú no me animases con tus santas palabras?

Con tal que al fin llegue yo al puerto de salva- ción, ¿qué se me da de cuanto hubiere padecido?

Dame buen fin, dame una dulce partida de este mundo.

Acuérdate de mi, Dios mio, y guíame por camino derecho á tu reino. Amén.

CAPÍTULO LVIII No deben escudriñarse las cosas altas y los juicios ocultos de Dios.

JESUCRISTO: 1. Hijo, guárdate de disputar de ma- terias altas y de los secretos juicios de Dios, por qué uno es desamparado y otro tiene tantas gracias, por qué está uno muy aflígido y otro tan altamente en- salzado.

Estas cosas exceden á toda humana capacidad, y no basta razón ni disputa alguna para investigar el juicio divino.

Por eso, cuando el enemigo te trajere esto al pen- samiento Ó algunos hombres curiosos lo pregunta- ren, responde aquello del profeta: Justo eres, Señor, y justo tu juicio.

Y también: Los juicios del Señor son verdaderos y Justificados en sí mismos.

Mis juicios han de ser temidos, no examinados, porque no se comprenden con entendimiento hu- mano,

2. Tampoco te pongas á inquirir ó disputar de los merecimientos de los Santos, cuál sea más santo ú mos, en el reino de los Cielos.

tas cosas muchas veces causan contiendas y di- sensiones sin provecho; aumentan también la sober- bía y la vanagloria, de donde nacen envidias y dis- cordias cuando uno quiere preferirimprudentemen- te un Santo y otro quiere á otro,

Querer saber é inquirir tales cosas, ningún fruto trae; antes desagrada mucho á los Santos, porque Yo no soy Dios de discordia, sino de paz, la cual con- siste más en la verdadera humildad que en la propia estimación.

3. Algunos con celo de amor se aficionan á unos Santos más que á otros, pero más por afecto huma- no que divino.

Yo soy el que hice á todos los Santos; Yo les di la gracia; Yo les he dado la Gloria.

Yo sé los méritos de cada uno; Yo les previne con bendiciones de mi dulzura.

Yo conocí mis amados antes de los siglos; Yo los escogí del mundo, y no ellos á Mí.

Yo los llamé por gracia y atraje por misericordia; Yo los llevé por diversas tentaciones.

Yo les envié grandes consolaciones, les dí la per- severancia, y coroné su paciencia.

Yo los abrazo á todos con amor inestimable.

Yo soy digno de ser alabado en todos mis Santos y ensalzado sobre todas las cosas; Yo debo ser hon- rado por cada uno de cuantos he engrandecido y predestinado, sin preceder algún merecimiento suyo.

Por eso quien despreciare Sino de mis pequeñue- los, no honra al grande, porque yo hice al grande y al $e ueño.

el que quisiere espa á alguno de los Santos, á Mí me deprime y á todos los demás del reino de los Cielos.

Todos son una misma cosa por vínculo de la cari- dad; todos tienen un mismo parecer y un mismo querer, y todos se aman reciprocamente.

5. sobre todo, más me aman á MÍ que á sí mis- mos y á todos sus merecimientos.

Porque, elevados sobre sí y libres de su propio amor, se pasan del todo al mío, Y, en él descansan y se regocijan con gozo inexplicable.

No hay cosa que pueda apartarlos ni declinarlos, porque, llenos de la verdad eterna, arden en el fuego inextinguible de la caridad.

Callen, pues, los hombres carnales y animales, y no disputen del estado de los Santos, pues no saben amar sino los gozos particulares. Quitan y ponen según su inclinación, no como agrada á la eterna Verdad.

6. Muchos, por efecto de ignorancia, especial- mente los que se hallan con poca luz interior, con dificultad saben amar á alguno con perfecto amor espiritual.

aun los lleva mucho el afecto natural y la amis-

tad humana, con la cual se inclinan más á unos que á otros; y así como sienten de las Cosas terrenas, asi imaginan de las celestiales.

Mas hay grandísima diferencia entre lo que pien- san los hombres imperfectos l lo que saben los va- rones espirituales por la revelación divina.

7. Guárdate, pues, hijo de tratar curiosamente de las cosas que exceden á tu alcance: de lo que de- bes tratar es de que puedas ser siquiera el menor en el reino de Dios.

Y aunque uno supiese quién es más santo que otro ó el mayor en el reino del Cielo, ¿de qué le ser- viría el saberlo si no se humillase delante de Mí por este conocimiento y nose levantase á alabar más puramente mi nombre?

Mucho más agradable es á Dios el que piensa en la gravedad de sus propios pecados y en la poque- dad de sus virtudes, y cuán lejos está de la perfec- ción de los Santos, que el que porfía cuál será ma- yor 6 menor Santo.

Mejor es rogar á los Santos con devotas oraciones y lágrimas y con humilde corazón invocar su favor, que escudriñar sus secretos con inútil investiga- ción.

8. Ellos están cumplidamente contentos, si los hombres saben contentarse y refrenar la vanidad de su lengua.. A "

No se glorian de sus propios merecimientos, pues que ninguna cosa buena se atribuyen á sí mismos, sino todo á Mi, porque yo les di todo cuanto tienen con mi infinita caridad.

Llenos están de tanto amor de la Divinidad y de tal abundancia de gozos, que ninguna parte de gloria les falta, ni puede faltarles cosa alguna de bienaven- turanza. 2

Todos los Santos, cuanto más altos están en la Glo- ria, tanto más humildes son en sí mismos, están más cercanos á Mi y son más amados de Mi.

Por lo cual está escrito que abatieron sus coronas delante de Dios, y se postraron sobre su rostro delante del Cordero, y adoraron al que vive por los siglos de los siglos. d

5 Muchos preguntan quién es el mayor en el

reino de Dios, que no saben si serán dignos de ser contados con los infimos.

Gran cosa es ser en el Cielo siquiera el menor, donde todos son grandes, porque todos se llamarán y serán hijos de Dios.

El menor será grande entre mil, y el pecador de cien años morirá.

Pues cuando preguntaron los discípulos quién fuese mayor en el reino de los Cielos, tuvieron esta respuesta:

ino os hiciereis y os volviereis como niños, no en- traréis en el reino de los Cielos.

Por eso, cualquiera que se humillare como niño, aquel será el mayor en el reino del Cielo,

10. ¡Ay de aquellos que se desdeñan de humillar- se de voluntad con los pequeñitos, porque la puerta humilde y angosta del reino celestial no les permi- tirá entrar!¡Ay también de los ricos que tienen aqui sus deleites, porque cuando entraren los pobres en el reino de Dios, quedarán ellos fuera aullando y lHorando á lágrima viva!

Alegraos los humildes, y regocijaos los pobres, que vuestro es el reino de Dios si andáis en el ca- mino de la verdad.

Toda la esperanza y confianza se debe poner en sólo Dios.

EL ALMA: 1. Señor, ¿cuál es mi confianza en esta vida, ó cuál mi mayor contento de cuantos hay de- bajo del Cielo?

or ventura, ¿no eres Tú mi Dios y Señor, cuyas misericordias no tienen número?

¿Dónde me fué bien sin Ti, 6 cuándo pudo irme mal estando Tú presente?

Más quiero ser pobre por Ti, que rico sin Ti,

Por mejor tengo peregrinar contigo en la Tierra, que poseer sin Ti el Cielo. Donde Tú estás, alli está el Cielo, y donde no, el Infierno y la muerte.

Ti se dirige todo mi deseo, y por eso no cesaré de orar, gemir y clamar en pos de Ti.

En fin, yo no puedo confiar cumplidamente en al-

CAPÍTULO LIX 151 5709 que me ayude oportunamente en mis necesi- lades, sino en Ti solo, Dios mío.

Tú eres mi esperanza y mi confianza; Tú mi con- solador y el amigo más fiel en todo.

2. Todos buscan su interés; Tú buscas solamen- te mi salud y mi aprovechamiento, y todo me lo con- viertes en bien.

Aunque algunas veces me dejas en diversas tenta- ciones y adversidades, todo lo ordenas para mi pro- vecho, que sueles de mil modos probar á tus esco- gidos. En esta prueba debes ser tan amado y alabado como si me colmases de consolaciones celestiales.

3. En Ti, pues, Señor Dios, pongo toda mi espe- ranza y refugio; en tus manos dejo mis tribulacio- nes y angustias, porque fuera de Ti, todo es débil € inconstante.

Porque no me aprovecharán los muchos amigos, mi podrán ayudarme los defensores poderosos, ni los consejeros discretos darme respuesta convenien- te, ni los libros doctos consolarme, ni cosa alguna preciosa librarme, ni algún lugar secreto y delicioso defenderme, si Tú mismo no me auxilias, ayudas, esfuerzas, consuelas, enseñas y guardas.

4. Porque todo lo que parece conducente para tener paz y felicidad, es nada si Tú estás ausente, ni da sino una sombra de felicidad.

Tú eres, pues, fin de todos los bienes, centro de la vida y abismo de sabiduría; y esperar en Ti sobre todo es grandísimia consolación para tus siervos.

Ti, Señor, levanto mis ojos; en Ti confío, Dios mío, padre de misericordias.

Bendice y santifica mi alma con bendición celes- tial, para que sea morada santa tuya Y, silla de tu gloria eterna; y no haya en este pomo lo tuyo cosa que ofenda los ojos de tu Majestad soberana. A

Mirame ¿gún la grandeza de tu bondad y según la multitud de tus misericordias, y oye la oración de este pobre siervo tuyo, desterrado lejos, en la región de la sombra de la muerte,

Defiende y conserva el alma de este tu siervecillo entre tantos peligros de la vida corruptible, y acom- pañándola tu gracia, guíala por el camino de la paz á la patria de la perpetua claridad. Amén.

Pel Santísimo Sacramento del Altar. EXHORTACIÓN DEVOTA PARA LA SAGRADA COMUNIÓN

JESUCRISTO: Venid á Mi todos los que tenéis traba-

Jos estáis cargados, y yo os aliviaré, dice el Señor. 1 pan que yo daré, es mi carne, por la vida del

Tomad y comed: éste es mi cuerpo, que será entre- gado por vosotros. Haced esto en memoria de MI.

El que, ome mi carne y bebe mi sangre, está en MÍ, y yo en él,

'Las palabras que os he dicho, espiritu y vida son.

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