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Chapter 25 of 49

CAPÍTULO 1X Del carecimiento de toda consolación

1. Noes grave cosa despreciar la humana con- solación cuando tenemos la divina.

Gran cosa es y muy grande ser privado y carecer de consuelo divino y humano, y querer sufrir de gana destierro de corazón por la honra de Dios, y en ninguna cosa buscarse á sí mismo ni mirar á su propio merecimiento,

¡Qué gran cosa es, si estás alegre y devoto, cuan- do viene la gracia de Dios! Esta hora todos la de- sean,

Muy suavemente camina aquel á quien llama la gracia de Dios.

¡Y qué maravilla si no siente carga el que es lle- vado del Omnipotente y guiado por el soberano guiador!

2. Muy de gana tomamos algún pasatiempo, y con dificultad se desnuda el hombre de sí mismo.

El mártir San Lorenzo venció al mundo y al afec- to que tenía por su sacerdote, porque despreció to- do lo que en el mundo parecía deleitable, y sufrió con paciencia, por amor de Cristo, que le fuese qui- tado Sixto, el Sumo Sacerdote de Dios, á quien él amaba mucho.

Pues así con el amor de Dios venció al amor del

hombre, y trocó el acontecimiento humano por el buen placer divino.

Así, aprende tú á dejar algún pariente ó amigo por amor de Dios, y no te parezca grave cuando te deja- re tu amigo, sabiendo que es necesario que nos apar- temos al fin unos de otros.

3. Mucho y de continuo conviene que pelee el hombre consigo mismo antes que aprenda á vencerse del todo y traer á Dios cumplidamente todo su deseo.

Cuando el hombre se está en sí mismo, de ligero se desliza en las consolaciones humanas.

Mas el verdadero amador de Cristo y estudioso imitador de las virtudes no se arroja á las consola- ciones ni busca tales dulzuras sensibles; mas antes procura fuertes ejercicios y sufrir por Cristo duros trabajos.

4. Así, cuando Dios te diere la consolación espiri- tual, recíbela con hacimiento de gracias; mas entien- de que es don de Dios, y no merecimiento tuyo,

No quieras ensalzarte ni alegrarte demasiado ni resumir vanamente; mas humillate por el don reci- ido y sé más avisado y temeroso en todas tus

obras, porquese pasará aquella hora, y vendrá la ten- ción.

Cuando te fuere quitada la consolación, no des- sesperes luego; mas espera con humildad y pacien- cia la visitación celestial, porque poderoso es Dios para tornarte mucho mayor consolación.

Esto no es cosa nueva ni ajena de los que han ex- perimentado el camino de Dios, porque en los gran- des Santos y antiguos Profetas acaeció muchas ve- ces esta manera de mudanza.

5. Por eso decía uno cuando tenía presente la gracia: Yo dije en mi abundancia: no seré movido ya para siempre. Y ausente la qua añade lo que €x- perimento en sí, diciendo: Volviste tu rostro, y fuí

Mas, por cierto, entre estas cosas no desespera, sino con mayor instancia ruega á Dios, y dice: Á Ti, Señor, llamaré, y á mi Dios rogaré. Y al fin alcanza el fruto de su oración, y confirma ser oído, diciendo: Oyóme el Señor, y tuvo misericordia de mí; el Señor es hecho mi ayudador.,

Mas ¿en qué? Volviste, dice, mi llanto en gozo, y cercásteme de alegría.

Y si asi se hizo con los grandes Santos, no debe- mos nosotros, enfermos y pobres, desconfiar si algu- nas veces estamos en fervor de devoción y á veces tibios y fríos.

Porque el espíritu se viene y se va según la divi- na voluntad.

Por eso dice el bienaventurado Job: Visitasle en la mañana, y súbito le pruebas.

Pues ¿sobre qué puedo esperar ó en quién debo confiar sino solamente en la gran misericor- dia de Dios y en la esperanza de la gracia celestial?

Pues aunque esté cercado de hombres buenos, Ó de hermanos devotos, ó de amigos fieles, ó de libros santos ó tratados lindos, ó de cantos suaves é him- nos, todo aprovecha poco y tiene poco sabor cuan- do soy desamparado de la gracia y dejado en mi propia pobreza.

Entonces no hay mejor remedio que la paciencia y negándome á mí mismo, ponerme en la voluntad de Dios,

7. Nunca hallé hombre tan religioso y devoto que alguna vez no tuviese apartamiento de la consola- ción divina ó sintiese diminución del fervor.

Ningún Santo fué tan altamente arrebatado y alum- brado que antes ó después no haya sido tentado.

Pues no es digno de la alta contemplación de Dios el que no es jesiado en alguna tribulación.

'orque suele ser la tentación precedente señal de que vendrá la consolación.

Que á los probados en tentación es prometida la consolación celestial.

id que venciere, dice, daré á comer del árbol de la vida.

8. Dase también la divina consolación para que el hombre sea más fuerte para sufrir las adversidades.

Y también se sigue la tentación por que no se en- soberbezca del bien. A

El Demonio no duerme, y la carne no está aún muerta: por eso no ceses de prepararte á la batalla. Á la diestra y á la siniestra están los enemigos, que nunca descansan.

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CAPÍTULO 1X Del carecimiento de toda consolación · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library