Chapter 54 of 77
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Protarco, necesitamos dividir aún esto en dos, si queremos conocer la envidia pueril y la mezcla singular que en ella tiene lugar de placer y de dolor.
Protarco
¿Cómo lo dividiremos en dos? Dímelo.
Sócrates
Sí. ¿No es una necesidad, que todos los que conciben locamente esta falsa opinión de sí mismos, sean partícipes, como el resto de los hombres, los unos de la fuerza y del poder, y los otros de las cualidades contrarias?
Protarco
Es una necesidad.
Sócrates
Distínguelos, pues, así, y si llamas ridículos a los que, teniendo tal opinión de sí mismos, son débiles e incapaces de vengarse, cuando se burlan de ellos, no dirás más que la verdad; así como tampoco te engañarás, diciendo, que los que tienen a mano la fuerza para vengarse, son temibles, violentos y odiosos. La ignorancia, en efecto, en las personas poderosas es vergonzosa y aborrecible, porque es perjudicial al prójimo, ella y cuanto a ella se parece; mientras que la ignorancia acompañada de la debilidad es el lote de los personajes ridículos.
Protarco
Muy bien dicho. Pero no descubro en esto la mezcla del placer y del dolor.
Sócrates
Empieza antes por penetrar la naturaleza de la envidia.
Protarco
Explícamela.
Sócrates
¿No hay dolores y placeres injustos? [104]
Protarco
No puede negarse.
Sócrates
No hay injusticia, ni envidia, en regocijarse con el mal de sus enemigos. ¿No es así?
Protarco
No la hay.
Sócrates
Pero cuando uno es testigo a veces de los males de sus amigos, ¿no es uno injusto al no afligirse, y más aún al regocijarse?
Protarco
Sin duda.
Sócrates
¿No hemos dicho que la ignorancia es un mal, donde quiera que se encuentre?
Protarco
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