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Socrates
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Chapter 4 of 14

Sócrates – Hipotales – Ctesipo – Menexenes – Lisis · 4

—Y tus maestros ¿mandan sobre tí igualmente?

—Sí, y mucho.

—Vaya ¡un hombre rodeado de maestros y pedagogos por la voluntad de su padre! Pero cuando vuelves a casa y estás cerca de tu madre, ¿te deja ésta hacer lo que quieres para que seas dichoso? por ejemplo, ¿te deja revolver la lana y tocar al telar, mientras ella teje, o antes bien te prohíbe tocar a la lanzadera, al peine y a los demás instrumentos de trabajo?

—Lisis echándose a reír, ¡por Júpiter! Sócrates, me dijo, no sólo me lo prohíbe, sino que me pega en los dedos si llego a tocar.

—¡Por Hércules! exclamé yo, ¿has hecho alguna ofensa a tu padre o a tu madre?

—No, ¡por Júpiter! no les he ofendido en nada, me respondió.

—Pues ¿de dónde nace que te impiden ser dichoso y hacer lo que quieras, obligándote todos los instantes del día a ser obediente, y, para decirlo de una vez, a reducirte a la condición de no hacer nada por tu voluntad, puesto que de todas estas riquezas ninguna está a tu disposición, como que todo el mundo las administra excepto tú, y tu cuerpo mismo, a pesar de ser tan hermoso, no te presta ningún uso, toda vez que otro, distinto que tú, le cuida y le gobierna? En definitiva, tú, Lisis, ni haces ni diriges nada a tu voluntad.

—Es, respondió, porque aún no tengo la edad, Sócrates.

—Mira, hijo de Demócrates, que acaso la edad no sea la verdadera razón, porque hay cosas, tan importantes [230] como las que hemos referido, que a mi parecer tus padres te dejarán ejecutar sin reparar en tus pocos años. Por ejemplo, cuando quieren que se les lea o se les escriba alguna cosa, es seguro que serás tú el primero a quien se dirijan en casa, ¿no es así?

—Sí, respondió.

—Y cuando escribes, ¿no eres libre de trazar esta letra la primera y aquella la segunda y leerlas en seguida en el mismo orden? Asimismo, cuando coges la lira, te impiden tus padres aflojar o apretar las cuerdas que quieres puntear o tocar con el plectro?

—No.

—¿Por qué razón te permiten unas cosas y te prohíben otras, según hemos dicho?

—Sin duda, porque unas cosas las sé y otras no las sé.

—Bien, excelente joven. Luego no es la edad la que espera tu padre para permitirte hacer todas las cosas, porque el día que te crea más hábil que él, ese día te confiará todos sus bienes y hasta su persona.

—Así lo pienso, dijo.

—Bien, pero dime; ¿tu vecino no hará contigo lo mismo que tu padre, y no crees que te entregará su casa para gobernarla, más bien que para administrarla, el día en que te crea más hábil que él?

—Creo que me la confiará.

—Y los atenienses a su vez, ¿no te confiarán sus negocios, en el momento en que te crean más experimentado?

—Sí, ciertamente.

—¡Por Júpiter! repuse yo, ¿qué haría el gran rey de Persia? Entre su hijo mayor y nosotros, ¿a quién confiaría el cuidado de dar sazón a los distintos platos de su mesa, si le probásemos que nosotros somos más entendidos que su hijo en la preparación de condimentos?

—A nosotros, evidentemente.

—Más aún; no permitiría que su hijo se mezclara en [231] nada, y a nosotros nos dejaría obrar, aún cuando quisiéramos echar la sal a puñados.

—Sin duda alguna.

—Dime más: si su hijo tuviese malos los ojos, ¿le permitiría tocarlos con sus manos, sabiendo que no entiende nada de medicina, o se lo impediría?

—Se lo impediría.

—Pero si nos tuviese a nosotros por buenos médicos, ¿no nos dejaría obrar, aún cuando quisiéramos llenar de ceniza los ojos del hijo, confiando en nuestra habilidad?

—Tienes razón.

—¿Y no sucedería lo mismo en cuantas ocasiones parezcamos nosotros más hábiles que su hijo?

—Necesariamente, Sócrates.

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Sócrates – Hipotales – Ctesipo – Menexenes – Lisis · 4 · Lysis — Socrates · The Conscious Library