Chapter 51 of 60
Sócrates – Alcibiades · 51
Así parece.
Sócrates
Aquí tienes la razón por qué he sido yo el único que no te ha abandonado y que permanece constante, después que aparece marchita la flor de tu belleza y que todos tus amantes se han retirado.
Alcibiades
Gran placer me das, y te suplico que no me abandones.
Sócrates
Trabaja sin descanso con todas tus fuerzas para hacerte mejor.
Alcibiades
Trabajaré.
Sócrates
Al ver lo que sucede, es fácil juzgar que Alcibiades, hijo de Clinias, jamás ha tenido, y aun ahora mismo no tiene, más que un único y verdadero amante; y este amante fiel, digno de ser amado, es Sócrates, hijo de Sofromico y de Ferarete.
Alcibiades
Nada más verdadero.
Sócrates
¿No me dijiste, cuando me avisté contigo y antes de [188] que yo te hiciera prevención alguna, que tenías intención de hablarme para saber por qué era el único que no me había retirado?
Alcibiades
Así te lo dije, y es muy cierto.
Sócrates
Ahora ya sabes la razón, y es, que yo te he amado a ti mismo, mientras que los demás sólo han amado lo que está en ti. La belleza de lo que está en ti comienza a disiparse cuando tu belleza propia comienza a florecer; y si no te dejas malear y corromper por el pueblo, yo no te abandonaré en toda mi vida. Pero temo que infatuado con el favor del pueblo, como ha sucedido a un gran número de nuestros mejores ciudadanos; porque el pueblo de la magmánima Erectea{10} tiene una preciosa máscara; pero es preciso verle con la cara descubierta. Créeme, pues, Alcibiades, y toma las precauciones que te digo.
Alcibiades
¿Qué precauciones?
Sócrates
La de ejercitarte y aprender bien lo que es preciso saber antes de mezclarte en los negocios de la república, a fin de que, robustecido con un buen preservativo, puedas sin temor exponerte a los peligros.
Alcibiades
Todo eso está muy bien dicho, Sócrates; pero trata de explicarme cómo podemos tener cuidado de nosotros mismos.
Sócrates
Ese es negocio ya ventilado; porque ante todas cosas hemos sentado lo que es el hombre, y con razón, porque temeríamos, no siendo este punto bien conocido, dirigir [189] nuestro cuidado a otras cosas que no fueran nosotros mismos, sin apercibirnos de ello.
Alcibiades
Así es.
Sócrates
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