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Plato
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Chapter 2 of 39

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Extranjero. -¿Pero las artes, en general, no se dividen en dos especies?

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -La agricultura y todos los cuidados que se refieren a los cuerpos vivos, que la muerte puede destruir; el arte de hacer, con materiales, cosas de formas diversas, como lo que llamamos utensilios; las artes de imitación; todo esto, en fin, ¿no es justo designarlo con un solo nombre?

Teetetes. -¿Qué quieres decir? ¿Con qué nombre?

Extranjero. -¿Cuando una cosa, que no existía antes, llega, después, a existir, ¿no decimos de aquél por quien existe, que hace, y de la cosa que existe, que es hecha?

Teetetes. -Sin duda.

Extranjero. –¿Y todas las artes, que acabamos de enumerar, no se distinguen por este carácter?

Teetetes. -En efecto.

Extranjero. -Podríamos, pues, reunirlas bajo un nombre colectivo, y llamarlas el arte de hacer.

Teetetes. -Sea así.

Extranjero.-Pero, por otra parte, la clase de las ciencias en general y de los conocimientos, el arte del lucro, el de la lucha, el de la caza, y todas las artes que no labran ni fabrican nada, sino que nos proporcionan, por palabras o, por actos, cosas existentes y ya hechas, o las disputan a los que querrían proporcionárselas, ¿no convendría considerarlas todas como partes del arte de adquirir?

Teetetes. -Sí; sería conveniente.

Extranjero. -Comprendiendo el arte de adquirir y el arte de hacer todas las artes particulares, ¿a cuál de las dos, mi querido Teetetes, referiremos la pesca de caña?

Teetetes. -A la de adquirir, evidentemente.

Extranjero. –Pero el arte de adquirir se divide en dos especies. La una consiste en el cambio por consentimiento mutuo, por medio de donativos, salarios y mercancías; y la otra, que se verifica por medio de palabras o de hechos, consiste en el uso de la fuerza.

Teetetes. -Parece que sí.

Extranjero. -Y qué, ¿no es preciso dividir en dos el arte de adquirir por la fuerza?

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -O se emplea la fuerza abiertamente y es un verdadero combate, o se emplea también la fuerza, pero ocultándose y, entonces, es la caza.

Teetetes. -Conforme.

Extranjero. –Pero, a su vez, el arte de cazar es preciso dividirlo racionalmente en dos partes.

Teetetes. -Explícame eso.

Extranjero. -Hay caza de seres inanimados, y la hay de seres animados.

Teetetes. -¿Y por qué no? Ambas son reales y positivas.

Extranjero. -¿Cómo no lo han de ser? Respecto a la primera, que se refiere a los seres inanimados, puesto que no tiene nombre, salvo algunas partes de la natación y otras bagatelas semejantes, la dejaremos a un lado; pero la caza que tiene par objeto los seres animados la llamaremos caza de animales.

Teetetes. -Sea así.

Extranjero. -Ahora bien, la caza de animales, ¿no comprende verdaderamente dos clases: la una, que se refiere a los animales andadores, y se divide aun en muchas especies, con nombres distintos, que es la caza en tierra, y la otra que se refiere a los animales nadadores y es la caza en el elemento fluido?.

Teetetes. -Perfectamente.

Extranjero. -En el género nadador distinguimos la especie volátil y la especie acuática.

Teetetes. -Sin duda.

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