Chapter 6 of 77
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Eso es muy cierto.
Sócrates
Lo mismo sucede con el músico.
Protarco
¿Cómo?
Sócrates
La voz considerada con relación a este arte es una.
Protarco
Sin duda.
Sócrates
Podemos considerarla de dos maneras: la una grave, la otra aguda y una tercera de tono uniforme, ¿no es así?
Protarco
Sí.
Sócrates
Si no sabes más que esto, no serás por eso hábil en la música; y si lo ignoras, no eres, por decirlo así, capaz de nada en este asunto.
Protarco
No, seguramente.
Sócrates
Pero, mi querido amigo, sólo cuando has aprendido a conocer el número de los intervalos de la voz, tanto para el sonido agudo como para el grave, la cualidad y los límites de estos intervalos, y los sistemas que de ellos resultan, que los antiguos han descubierto y trasmitídolos a los que marchamos sobre sus huellas con el nombre de armonías; y que nos han enseñado las propiedades semejantes que se encuentran en el movimiento de los cuerpos, que, estando medidos por los números, deben llamarse ritmos y medidas; y al mismo tiempo cuando te hayas hecho cargo reflexivamente de que es preciso proceder de esta manera en todo lo que es uno y muchos; cuando hayas comprendido todo esto, entonces podrás [32] llamarte sabio. Y cuando, siguiendo el mismo método, has llegado a conocer cualquiera otra cosa, sea la que sea, entonces has adquirido la inteligencia de esta cosa. Pero la infinidad de los individuos y la multitud que se encuentra en ellos es causa de que estés por lo ordinario desprovisto de esta inteligencia de las cosas, y que no merezcas que se te estime ni que se te tenga por un hombre hábil, porque nunca te has fijado en ninguna cosa.
Protarco
Me parece, Filebo, que lo que acaba de decir Sócrates está perfectamente dicho.
Filebo
Yo pienso lo mismo, pero ¿qué significa este discurso, y a dónde quiere Sócrates llevarnos?
Sócrates
Filebo nos hace esta pregunta muy a tiempo, Protarco.
Protarco
Seguramente; respóndele.
Sócrates
Lo haré después de decir algunas palabras sobre esta materia. En la misma forma que cuando se ha tomado una unidad cualquiera, decimos que no debemos fijarnos desde luego sobre el infinito, sino sobre un cierto número; lo mismo cuando se ve uno forzado a dirigirse desde luego al infinito, tampoco se debe pasar de repente a la unidad, sino fijar sus miradas sobre cierto número, que encierre una cantidad de individuos, e ir a parar por fin a la unidad. Tratemos de concebir esto, tomando de nuevo las letras por ejemplo.
Protarco
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