Chapter 41 of 77
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Sí.
Sócrates
¡Y qué!, ¿no debe reconocerse en los dolores y los placeres una manera de ser, que corresponda a la de las opiniones?
Protarco
¿Cómo?
Sócrates
Diciendo que cualquiera que sea el objeto, aun siendo vano y fantástico, puede suceder que realmente cause [84] regocijo, por más que sea una cosa que ni esté presente, ni haya existido jamás, y muchas veces, quizá las más, aunque no haya de existir nunca.
Protarco
Es una necesidad, Sócrates, que así suceda.
Sócrates
¿No diremos asimismo, con respecto al temor, a la cólera y a otras pasiones semejantes, que son falsas algunas veces?
Protarco
Sin duda.
Sócrates
¡Pero qué!, ¿podemos suponer otra causa de las malas opiniones que la falsedad?
Protarco
Ninguna otra.
Sócrates
Tampoco podemos concebir, a mi entender, que los placeres puedan ser malos de otra manera que porque son falsos.
Protarco
Lo que dices, Sócrates, es muy diferente. Ordinariamente, no es la falsedad la que decide si los dolores y los placeres son malos, sino otros grandes vicios a que están sujetos.
Sócrates
Sentado esto, hablaremos más adelante de los placeres malos, y que lo son por cualquiera otro vicio, si insistimos en esta opinión. Al presente, es preciso hablar de los placeres falsos que se encuentran y se forman de otra manera en nosotros frecuentemente y en gran número. Esto nos servirá quizá para el juicio que deberemos formar.
Protarco
¿Cómo podemos menos de hablar de ellos, si es cierto que hay tales placeres? [85]
Sócrates
Pues los hay, Protarco, según mi opinión; y admitida esta, es imposible dejar de examinarla.
Protarco
Muy bien.
Sócrates
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