Chapter 13 of 30
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Alcibíades: Así parece.
Sócrates: Si convienes en que fluctúas en tus respuestas sobre lo justo y lo injusto, sobre lo honesto y lo inhonesto, sobre lo bueno y lo malo, sobre lo útil y su contrario, ¿no es evidente que esta incertidumbre procede de tu ignorancia?
Alcibíades: Eso me parece evidente.
Sócrates: Es máxima segura, que el espíritu siempre está fluctuante e incierto sobre lo que ignora.
Alcibíades: No puede ser de otra manera.
Sócrates: Pero, dime, ¿sabes cómo podrías subir al cielo?
Alcibíades: No, ¡por Júpiter! te lo juro.
Sócrates: ¡Y tu espíritu está fluctuante sobre esto?
Alcibíades: Nada de eso.
Sócrates: ¿Sabes la razón, o quieres que te la diga?
Alcibíades: Dila.
Sócrates: Es, querido mío, que no sabiendo el medio de subir al cielo, no crees saberlo.
Alcibíades: ¿Qué dices?
Sócrates: Examinemos este punto. Cuando ignoras una cosa y sabes que la ignoras, ¿estás incierto y fluctuante sobre esta misma cosa? Por ejemplo, no sabes que ignoras el arte de preparar las viandas?
Alcibíades: Sí.
Sócrates: Te complaces en razonar sobre la manera de prepararlas, y hablas de ellas tan pronto de una manera, tan pronto de otra? ¿no dejas obrar al cocinero, que es a quien corresponde?
Alcibíades: Dices verdad.
Sócrates: Y si estuvieses a bordo de un buque, te mezclarlas en dar tu dictamen sobre el movimiento del timón, si había de ser a la izquierda o a la derecha? ignorando el arte de navegar, ¿dirías tan pronto una cosa, tan pronto otra, o dejarías más bien gobernar al piloto?
Alcibíades: Sin duda le dejaría gobernar.
Sócrates: Luego tú jamás estás fluctuante e indeciso sobre cosas que no sabes, con tal que sepas que no las sabes.
Alcibíades: Así me parece.
Sócrates: ¿Comprendes bien que todas las faltas que se cometen, no proceden sino de esta especie de ignorancia, que hace que se crea saber lo que no se sabe?
Alcibíades: ¿Qué dices?
Sócrates: Digo, que lo que nos arrastra a emprender una cosa es la creencia en que estamos de que sabemos llevarla a cabo.
Alcibíades: Ya entiendo.
Sócrates: Porque cuando estamos persuadidos de que no lo sabemos, se deja el negocio a otros.
Alcibíades: Eso sucede constantemente.
Sócrates: Así es, que los que están en esta última clase de ignorancia, jamás faltan; porque dejan a los demás el cuidado de las cosas que ellos no saben.
Alcibíades: Estoy conforme.
Sócrates: ¿Quiénes son, pues, los que cometen faltas? ¿No son los que saben las cosas?
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