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Soliloquios, libro IV · 4
73 aquella tu parte, cuyo es el juzgar sobre estas cosas, persevere tranquila, esto es, persuádase que aquello de suyo. no es bueno ni malo que, sin diferencia, puede sobrevenir á hombres buenos y malos; pues lo que igualmente acontece al que vive conforme, y al que vive contra la naturaleza, esto, sin duda, no la es á ella conforme ni contrario.
Conviene tener siempre en la mente que el mundo es como un viviente[39] animado, que tiene unamateria y una alma, y pensar cómo á su noticia, que en él es un sentido, llega todo, y como con un impetu ó acción común, haga todas las cosas y concurra con las demás causas particulares[40] á todos los efectos que se producen, y, por último, considerar cuál es la dependencia y enlace de todas las COBAS entre si.
Tú, alma mía, según decia Epicteto, no haces más que llevar sobre tí un muerto.
[39] El hacer de todo el mundo un viviente animado, como lo hacían los filósofos orientales, los pitagóricos, los platónicos, los estoicos, y casi todas las otras sectas, es un error que confirma la verdad de tres observaciones hechas por los filósofos pios y eruditos: primera, que la razón humana, siendo una participación de la verdad increada, tiene, en su misma luz, un tino natural, y no sé qué imán, que la convierte de continuo hacia el norte de la verdad en las cOmas divinas; segundu, que la filosofía antigua, no pocas veces, queriendo dirigir por reglas sistemáticas las luces de la razón natural, las desvió y apartó del blanco de la verdad; tercera, que la divina revelación siempre fijó con acierto y constancia los principios y direcciones naturales de la razón.
[40] El concurso de Dios á cada ucción y efecto particular es una verdad averiguada entre los teólogos cristianos, pero no en el sentido estoico, que da por razón del dicho concurso la unión de todas las causas particulares con la naturaleza divina, como miembros con su cuerpo.
MQRALISTAS.GRIEGOS..: Ningún mal viene á las cosas por que se hallen en actual mutación, como tampoco las viene algún bien, porque después de mudadas subsistan en su nuevo. estado.
El tiempo es como un río[41], y aun como un rápido torrente, que arrastra cuanto hay en el mundo; porque lo mismo.es dejarse ver cada una de las cosas, que desaparecer precipitadamente, y sucederla otra, y también ser arrebatada con igual prontitud.
Todo lo que en el mundo[42] sucede es una cosa tan usada y trivial como las rosas en la primavera y las frutas en el verano; tal es la enfermedad, la muerte, la calumnia, las traiciones, y cuantas cosas alegran ó entristecen á los fatuos é ignorantes.
En la naturaleza los sucesos posteriores siempre van consiguientes á los anteriores, con correspondencia y buen orden, no porque su curso venga á ser como una enumeración de cosas sueltas y desordenadas, las cuales sola la fuerza haga que por necesidad concurran; antes bien, es una serie[43][41] Lo mismo dijo Heráclito: « El sinmil es muy vivopara pintarnos la inconstancia de las cosas criadas; pero no por eso se debe dar en el extremo de decir que la acción conservativa de cada cosa se muda por instantes, ni en el otro de imaginar que ninguna substancia corpórea se mantiene, por algún tiempo, en una misma situación y estado.D[42] Séneca merece ser citado por lo bien que habl6, epístola 108: Nihil horum insolitum, nihil inexpectatum est.
Offendi rebus istis tam ridiculum est, quam quæri, quod spargaris in publico, aut inquineris in luto.
[43] Marco Aurelio emplea todos los colores de la Estoa para pintarnos y descubrirnos el hado. Si pretende decirno8 que todo efecto tiene su causa, y toda causa su razón suficiente, como dicen los wolfianos, ó su determinación, como encadenada por justo motivo y razón fundada. De suerte que, como los entes están en el mundo ordenados con la debida proporción y armonía, del mismo modo los efectos no demuestran una mera sucesión de los unos á los otros, sino una admirable conveniencia entre si mismos.
Acuérdate de tener siempre presente esta sentencia de Heráclito[44]: que la muerte de la tierra es convertirse en agua; la del agua es trasmutarse en aire, la del aire hacerse fuego, y al contrario. Es necesario también acordarte de aquél que se olvidódel camino[45] por dónde debía ir, y cómo los más en nada siguen aquella razón, con quien especialmente conversan con más frecuencia, y con la que la naturaleza todo lo rige y gobierna, á los cuales les parecen extrañas y peregrinas aquellas mismas cosas que cada día ocurren. También conviene conservar en la memoria que no es conducente el decir ni hacer nuestras cosas como quien sueña; porque, á la verdad, entonces, cuando soñamos, nos parece que mucho decimos y hacemos; tampoco te olvides hablan los escolásticos, no rehusamos entrar en la serie, ó sea cadena estoica, puesto que la razón claina nihil fieri sine justa causa; pero si quiere que las causae lilbres pendan de unaprevia coligación que las sea inevitable, y lleven de antemano una fuerza impresa que las fije y una con el tal efecto, en particular, ahí si que rompemos la cadena fatal, y elegimos antes ser católicos libres que filósofos de tal clase.
[44] Esta sólo los cuerpos mixtos, pero aun los mismos elementos se convertían los unos en los otros.
[45] Parece que alude á algún dicho proverbial, no diferente de aquel de Séneca, epíst. 71: Ignoranti quem portumpetat, nullu8 suus ventus estla común opinión de los antiguos, que, no cuán acertado será no imitar la conducta de aquellos que, como muchachos, siguen á ciegas las pisadas de sus padres y mayores, gobernados por una mera tradición.
Así como tú, si alguno[46] de los dioses te hubiese dicho que mañana, ó, á lo más, después de mañana, habías de morir, tendrías en nada el morir después de mañana, antes que mañana mismo, sino es que fueses en extremo vil y cobarde; porque, ¿qué viene á ser el espacio de un día que había de mediar? Del mismo modo piensa que no debe reputarse por cosa grande el que mueras al cabo de muchísimos años ó mañana mismo.
Es muy del caso pensar continuamente cuántos médicos murieron después de haber encogido muchas veces las cejas sobre los enfermos, en señal de que los desahuciaban; cuántos matemáticos, después que predijeron la muerte á otros, pareciéndoles hacer en ello una cosa grande, murieron también; cuántos filósofos, habiendo dicho mil divinidades acerca de la muerte é inmortalidad, no obstante perecieron; cuántos bravos y excelentes soldados, habiendo dado la muerte á otros muchos, también tuvieron el mismo fin; cuántos tiranos, abusando de su poder sobre las vidas ajenas con gran fiereza y crueldad, como si ellos fuesen inmortales, del mismo modo fallecieron. Y cuántas ciudades, por decirlo así, murieron: Helice, Pompeya, Herculano y otras innumerables. Sigue también considerando sucesi- [46] Nieremberg, en su Temístocles y Eterno, lib. 1, cap. I1, se aprovechó de este pasaje de Marco Aurelio.
vamente á cuántos tú mismo has visto, y observa que uno de ellos, después de haber sepultado á otro, se murió, y fué sepultado por un tercero, y éste por otro, acaeciendo todo en breve tiempo. Por tanto, es conducente que siempre tengas á la vista cómo todas las cosas humanas vienen á ser cosa de un día, y no más; cosas absolutamente viles; siendo así que los que ayer eran un poco de humor asqueroso, serán un cadáver embalsamado ó reducido á cenizasmañana Procura, pues, pasar este punto indivisible de tiempo conformándote con la naturaleza y muriendo consolado, al modo que cuando la aceituna, estando ya madura, de suyo suele caerse, como que bendice á la Naturaleza que la crió, y que da las gracias al árbol que la produjo.
Haz por ser semejante á un promontorio contraquien las olas de la mar se estrellan de continuo y él se mantiene inmóvil, mientras que ellas hinchadas caen y se adormecen alrededor. «Infeliz de mi, dice uno, porque tal cosa me aconteció!» En verdad no tiene razón: diría mejor: «Dichoso yo, que en medio de lo que me sucedió, quedé sin recibir pena alguna; ni me quebranta lo presente, ni me espanta lo venidero; porque una semejante desgracia á todos pudo acontecer; pero no todos sin pena la hubieran podido llevar.» ¿Por qué, pues, la adversidad ha de ser antes una desgracia que la paciencia en tolerarla una ventura? Pero acaso tú absolutamente llamas desgracia del hombre aquello que no es un desvío del intento de la naturaleza del hombre? ¿ó por ventura te parece que aquello es un desvío del intento de la naturaleza del hombre, lo que no es contrario á la voluntad de su misma naturaleza?
¿Y cuál es esa su voluntad? Ya lo sabes bien, ni es menester decirlo aqui. Lo que yo pregunto es si este acaso puede impedirte el que seas un hombre justo, magnánimo, templado, prudente, cuerdo, mirado é incapaz de engañar ni ser engañado, modesto, libre de respetos vanos, y por abreviar, el que tú no poseas las otras virtudes, con las cuales, cuando la naturaleza del hombre las tiene en sí, queda ella del todo satisfecha y bien galardonada. Acuérdate en adelante que en todo acontecimiento capaz de contristarte puedes echar mano de este aviso: que la adversidad no es una desgracia; antes bien al contrario, el sufrirla con grandeza de ánimo es una dicha.
Ciertamente es un remedio vulgar, pero, sin embargo, muy eficaz para el desprecio de la muerte, la frecuente memoria de aquellos que por un dilatado tiempo vivieron con mucho apego á su vida. ¿Qué ventaja lograron éstos sobre aquellos otros que murieron antes de sazón? Yacen sin duda tendidos en algún sepulcro Ceciliano, Fabio, Juliano, Lépido, y si algún otro hubo semejante á ellos, los cuales, después que habían llevado muchos al sepulcro, también fueron llevados allá, Verdaderamente fué cortísima la diferencia de tiempo en la vida; y ésta ¿con cuántas molestias, con qué hombres y en cuál cuerpezuelo se toleró? No tengas, pues, eso por gran negocio. Porque mira bien la inmensidad de tiempo que ya pasó y la infinidad que aun queda por venir; y puesto en medio de este abismo, dime, qué diferencia hallas en que uno muera al día tercero ó al tercer siglo después que nació? Camina siempre por el atajo; y el verdadero atajo es que vivas arreglado á la Naturaleza, de manera que hagas y digas todas las cosas con la entereza posible; porque un tal propósito te librará de trabalos y campañas, de toda disimulación y ostentación vana.
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