Chapter 6 of 30
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Alcibíades: Creo, que la he aprendido como los demás.
Sócrates: ¿Otra vez volvemos a empezar? ¿de quién la has aprendido? habla.
Alcibíades: Del pueblo.
Sócrates: Mal maestro me citas.
Alcibíades: ¡Qué! ¿el pueblo no es capaz de enseñarla?
Sócrates: ¡Bien libre está! si no es capaz de enseñar a juzgar bien sobre las jugadas de un tablero, ¿cómo ha de enseñar lo que es justo o injusto, que es mucho más difícil? ¿no lo crees tú como yo?
Alcibíades: Si, sin duda.
'Sócrates: ¿Y si no es capaz de enseñarte cosas de tan poca consecuencia, cómo te ha de enseñar las que son más importantes?
Alcibíades: Soy de tu dictamen; sin embargo, el pueblo es capaz de enseñar muchas cosas muy superiores a este juego.
Sócrates: ¿Cuáles?
Alcibíades: Nuestra lengua, por ejemplo, yo no la he aprendido de nadie sino del pueblo, sin que pueda nombrar ni un solo maestro; y esta enseñanza se la debo a él, a pesar de tenerle tú por un mal maestro.
Sócrates: ¡Ah! es cierto, querido mío, que el pueblo, en materia de lengua, es muy excelente maestro y tienes razón en referirte a él.
Alcibíades: ¿Por qué?
Sócrates: Porque en materia de lengua el pueblo tiene todo lo que deben tener los mejores maestros.
Alcibíades: ¿Qué es lo que tiene?
Sócrates: ¿Los que quieren enseñar una cosa no deben saberla bien antes?
Alcibíades: ¿Quién lo duda?
Sócrates: ¿Los que saben bien una cosa no deben estar de acuerdo entre sí sobre lo que saben, sin disputar jamás?
Alcibíades: Sí.
Sócrates: ¿Y si disputasen, creerías que estaban bien instruidos?
Alcibíades: De ninguna manera.
Sócrates: ¿Cómo, pues, serían capaces de enseñarlo?
Alcibíades: De ningún modo.
Sócrates: ¡Qué! ¿todo el pueblo no conviene sobre la significación de estas palabras: una piedra, un bastón? Interroga a todos los griegos; ellos te responderán la misma cosa, y cuando les pidan una piedra o un bastón, todos se dirigirán a estos objetos, y así de todo lo demás. ¿Porque creo que esto es lo que tu quieres decir por saber la lengua?
Alcibíades: Sí.
Sócrates: ¿Y todos los griegos no convienen en esto, ciudadanos con ciudadanos, ciudades con ciudades?
Alcibíades: Seguramente.
Sócrates: ¿Por consiguiente, para la lengua el pueblo sería muy buen maestro?
Alcibíades: Sin duda.
Sócrates: ¿Y así si quisiéramos que un hombre se hiciera muy entendido en la lengua, le pondríamos justamente en manos del pueblo?
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