Chapter 2 of 4
Soliloquios, libro IV · 2
Advierte bien, que todo çuanto sucede hay razón para que acontezca; porque si tú lo pensares atentamente hallarás, no digo solo, que todo viene en fuerza del orden[20] y enlace de los hados; pero aun todo, la luz natural sacará de la boca de todos un testimonio expreso á favor de la libertad.
[18] Contra el odio implacable sirve de gran remedio el acordarse que uno es mortal.
[19] Esto es sin duda, porque un sabio en este Pórtico se halla á cubierto de toda injuria.
[20] Si se para uno solamente en la superficie tendrá por sanisimo todo este párrafo, que de palabra nos pinta razón en el hado, orden en los efectos, justicia en los sucesos. He aquí los caracteres de la Providencia cristiana, la cual todo lo ve, dispensa y distribuye con justicia. Pero si se pasa más adelante y se mira al meollo de la doctrina que se trasluce con no sé que horror y obscuridad, por entre aquellas voces, en fuerzu del orden y enlace de los hados, hallará, que con razón se dijo: nimium ne crede colori. Porque este enlace no viene á ser otra cosa, que una conexión de todas las naturalezas, causas y partes del universo, en la cual consiste la también, que todo se hace con justicia y razón y como dispensado por una mano que reparte á cada cual según su merecido. Lleva, pues, adelante esta observación como has empezado, y todo cuanto hicieres, hazlo como corresponde; que lo haga uno que sea hombre[21] de bien tomando con toda propiedad la palabra de hombre bueno, y esto obsérvalo bien en todas tus acciones.
No mires las injurias por el lado que las ve quien te injuria, ó por el lado que éste pretende[22] que las veas, sino miralas como son realmente en sí mismas.
Conviene siempre tener muy prontas estas dos refleciones: la una para hacer sólo aquello que en pro del público te dictare la razón cuyo es mandar y dar la ley; la otra, para mudar de resolución, siempre que se presentare quien te corrija y apee unión de todos los miembros de aquel mundo estoico; mundo, que para ellos era un gran viviente, un gran animal, lleno de razón, un Dios estoico. Y así aquella conexión y unión era tan necesaria á las partes de aquel mundo, como lo era á este mismo, el ser aquél animal, aquél viviente, aquél Dios.
De aquí se colige, por qué la fatal cadena del hado con su primer eslabón ataba al mismo Júpiter; á quien necesariamente ponía en la precisión de que obrase como obraba, sopena de no ser más Júpiter; de que pensase, decretase y ejecutase sus funciones por la necesidad de su mismo ser.
[21] Leemos con Catakero aov to ayaldc stva. Séneca (Ep. 3.) nos describe y pone en claro las propiedades de un tal hombre, cuando dice: Virum bonum, perfectum, absolutum; quem malum facere nulla vis, nulla necesitas possit: hombre en suma de la república de Platón y no de la prosa pia de Adán.
[22] Este género de venganza, al paso que es muy sensible, es el más loable: Genus ultionis est eripere ei, qui fecit contumelia voluptatem: fructus contumelia in sensu et indignatione patientis est., Senec. de Sap. Const., cap. XVII.
de alguna opinión; pero bien entendido, que esta mutación de sentencia sólo deba estribar siempre en alguna razón probable[23], de que sea justo ó que se haga por la utilidad pública ó por ctro bien semejante, y nunca por tu capricho ó vana ambición.
Dime, įte hallas dotado de razón? me hallo, responderás sin duda; ¿luego por qué no usas de ella? pues haciendo ella su deber, ¿qué otra cosa pretendes y quieres? Subsistes ahora como parte del unirerso, vendrá tiempo en que desaparecerás resuelto en el principio que te engendró, ó para decirlo con más propiedad, por medio de una mutación serás reasumido en aquella mente, que es el principio[24] y la fuente de donde saliste.
[23] Ahora si que M. Aurelio es de veras filósofo, cuando la razón le obliga á no ser estoico. La razón dicta á todos, lo que Séneca (De Benef., lib. v, cap. xXI.) escribió: Non moneri (hoc est, monitu non indigere) prima virtus est velle, ac posse (moneri) secunda. Sentencia, que primero la dijo Hesiodo y que después se ha hecho muy célebre entre los antiguos. Yo sólo eitaré á favor de la penitencia, virtud que la razón nostró á la naturaleza por antídoto de la culpa, aquello del Trágico; Senec. Agam. Ac. 2, scen. 2.
Nam sera mumquam est ad bonos mores via, Quem pænitet peccase, pænnæ est innocens.
Mas los estoicos no querían que la penitencia tuviese lugar en aquel su sabio, que ni opinaba, ni erraba, ni pecada; ni de otro, ni aun de si mismo se compadecía. No faltó quien se lo echase en cara á Catón: Sapiens nihil opinatur. Errasti aliqua in re. Male dici putat=mutare sententium turpe est.
Cicer. Pro L. Mur., cap. xxx. M. Aurelio mira por una máxima importantisima el mudar de resolución y mudarla por motivo de alguna probabilidad ó causa laudable, como hemos traducido.
[24] En frase estoica, seminalis ratio mundi, quiere decir aquel dios estoico, aquella alma del mundo, cuyas partícuVemos sobre un mismo altar que arden muchos grumos de incienso, de los cuales los unos caen antes y los otros después, pero cayendo todos al cabo, nada importa el orden[25] con que caen.
No bien habrán pasado diez dias, cuando ya te reputarán por un dios aquellos mismos que ahora te tienen por una bestia[26] y por una mona, si de veras te dieres á seguir y tener por sacrosantas las leyes de la razón.
Tú no cuentes como quien ha de vivir millares de años; tienes ya la muerte encima de tí; mientras tienes vida, mientras te lo permite la ocasión, procura hacerte bueno.
|Cuánto tiempo libre y desocupado logra el que no se cuida de lo que dijo, hizo ó pensó su vecino, sino que sólo tiene cuenta con lo que él mismo hace, para que todo esto sea una cosa justa y santa! ó como dice Agathón, para que no seas de negras costumbres: conviene, pues, que lleves adelante tu camino, sin mirar acá ni allá, y sin desviarte á parte alguna.
El que anda alucinado con la pasión de dejar las esparcidas en los cuerpos, eran la semilla, que daba vida y razón á todos los hombres.
[25] Este arder y caer sucesivamente los granos del incienso, es decirnos con algún disfraz que todos hemos de morir. Horat. Car., lib. 11 Od. 3.
Omnes eodem cogimur: omnium Versatur urna serius ocyus Sors exitura.
[26] No consta si M. Aurelio habla de aquella metainorfosis que Plutarco tan justamente reprende por una jactancia irrisible. 0 si más bien habla de la inconstancia del vulgo.
grande nombre y memoria de si, no se imagina que cada uno de los que se acordaren de él en breve morirá y él también, y después por su orden cualquiera que les sucediere hasta que se borre toda su memoria continuada por la sucesión de los que le hubieren admirado y después también hubieren fenecido. Pero demos, que los que de tí se acordaren hayan de ser inmortales, y que lo haya de ser también tu memoria, dime: ¿qué parte, pues, tendrás tú en ella? no digo después que hubieres muerto; pero aun ahora viviendo, ¿de qué te sirven las alabanzas si en éstas no tienes la mira á algún otro[27] bien y provecho? lo que sucede es que deja uno intempestivamente de cumplir con lo que le encargó la naturaleza, entre tanto que está colgado de lo que otros dirán de él.
Todo lo honesto, de cualquiera modo que sea, es por sí mismo honesto y en si encierra su bondad, sin[27] Los estoicos, que en los demás bienes reconocen una materia legitima de honestidad, contaban entre las cosas indiferentes la fama y reputación: haciendo primero la división de las cosas indiferentes en las que merecian alguna estima, præposita, y en las que sólo merecian el desprecio, reiecta, y añadiendo despues la subdivisión de las cosas dignas de estinma, en las que fuesen (præponenda per se) de suyo aventajalas, y las que lo fuesen por razón de alguna utilidad (propler usum); y las que por uno y otro respecto mereciesen la atención. En esto habia tainbién dos sentencias: Crisipo quería que la fama sólo por respecto á algún provecho debia procurarse, de modo que utilitute detracta ne digitum quidem eius causa porrigendum esse (Cicer. de Fin., lib. 111, cap. LV11), y ésta era la opinión de M. Aurelio el cual, según dice Capitolino, erat sue famæ curiosissimus. Los otros estoicos, obligados por Carneades, enseñaban famam propter se prapositam et sumendam esse.
que en ello tenga parte la alabanza: y asi, el que sea alabado, no lo hace mejor ni peor. Esto mismo digo de lo que vulgarmente se llaman bienes: por ejemplo, de los efectos por naturaleza materiales y de las obras del arte. Lo que fuere, pues, realmente bueno, de nada más tendrá necesidad como no la tiene la ley, la verdad, la benevolencia y la modestia. Pregunto: ¿cuál de estas últimas cosas es buena por ser alabada ó por ser vituperada se vicia? ges de peor condición la esmeralda porque no la alaben? ¿se hace por eso menos apreciable el oro, el marfil, la púrpura, el puñal, la florecilla, el arbolito? A esta pregunta, si las almas duran por tanto tiempo, ¿cómo desde una eternidad caben ellas en el aire? puede satisfacerse con otra: ¿cómo después de una eternidad los cuerpos sepultados en la tierra pueden caber en ella? La razón de uno y otro es, porque como aquí la breve duración y disolución de los cuerpos, que después de alguna mutación sucede, hace lugar á otros, del mismo modo allí las almas traspasadas á la región del aire, después que por algún tiempo hubieren permanecido, se mudan, se disipan, se vuelven á inflamar, recibidas otra vez dentro de aquella mente, principio y fuente originaria del universo; y de esa manera las primeras hacen lugar á las que van viniendo después.
Esto, digo, podrá uno responder en la hipótesis de que las almas pcr largo tiempo permanezcan fuera del cuerpo. Pues por lo que toca á los cuerpos, se debe considerar, no sólo la muchedumbre de aquellos que son en esta forma sepultados, sino también la de aquellos animales que son diariamente comidos, tanto por nosotros como por otros vivientes. Y á la verdad, jcuán grande es el número que de ellos se consume, y que en cierto modo se sepulta en las entrañas de los que con éstos se alimentan y viven! y sin embargo, vemos que hay lugar para todos ellos; parte, porque se convierten en sangre; parte, porque se mudan, adquiriendo la forma de aire ó de fuego.
Más esta doctrina, qué fundamento tiene de verdad? estriba en aquella común división que de todo se hace en causa[28] material y eficiente.
Mira, no te arrastren tras si las pasiones; sin embargo, de cualquiera impetu que sintieres, da á cada cosa lo que de justicia la toca, y no obstante la viveza y aprensión de la fantasia, conserva un juicio recto.
Digote con toda verdad, ¡oh naturaleza del mundo![29], que todo lo que á tí te acomoda, me avengo yo bien con ello; nada es para mí temprano, nada tardío, si á ti te parece sazonado, es para mí una fruta regalada todo aquello que tus estaciones llevan, ¡oh naturaleza! de tí viene todo; en tí subsiste todo; en tí va á resolverse todo. Si el otro dijo, hablando con Atenas: Oh querida ciudad de Cecrope![28] M. Aurelio da por fundamento de toda la doctrina que nos acaba de explicar, la división primaria que los estoicos admitían en la naturaleza. Séneca, Ep. 64. Stoici no8- tri dicunt duo esse in rerum natura, causunt, et materiam- Nempe universa ex materia, et ex Deo constant: Deus ista temperat, que circunfusa rectorem sequuntur, et ducem.
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