Chapter 16 of 80
I. · 7
—Sí.
—¿A qué hora?
—Entre siete y ocho de la tarde.
—¿Y a dónde fué usted?
—A la calle.
Breve y compendioso, pálido como la cera, Raskolnikoff dió nerviosamente las anteriores respuestas, sin bajar sus inflamados ojos ante la mirada del oficial.
—Puede apenas tenerse en pie, y tú...—empezó a decir Nikodim Fomitch.
—No importa—respondió enigmáticamente Ilia Petrovitch.
El comisario de policía quiso replicar algo; pero al dirigir los ojos al jefe de la Cancillería, encontró la mirada del funcionario fija en él y guardó silencio.
—Está bien—dijo Ilia Petrovitch—; puede usted retirarse.
Raskolnikoff salió, pero aun no estaba en la sala inmediata cuando ya habían reanudado su conversación los dos funcionarios de policía con mayor animación y viveza. Por encima de todas las otras voces se elevaba la de Nikodim Fomitch como preguntando...
En la calle, el joven recobró todos sus ánimos.
—Sin duda van a hacer una indagatoria, una indagatoria sin pérdida de tiempo—repetía, dirigiéndose a buen paso hacia su casa—. ¡Los bribones! ¡Sospechan!
Volvió a asaltarle el terror.
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