Chapter 2 of 49
CAPÍTULO Il Del bajo aprecio de si mismo
T. Todos los hombres desean naturalmente sa- dE es ¿qué aprovecha la ciencia sin el temor de
Por cierto, mejor es el rústico humilde que le sir- ve que el soberbio filósofo que, dejando de conocer- se, considera el curso del cielo.
El que bien se conoce, tiénese por vil y no se de- leita en alabanzas humanas.
Si yo supiese cuanto hay en el mundo y no estu-
viese en caridad, ¿qué me aprovecharia delante de Dios, Jus me juzgará según mis obras?
2. No tengas leseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño.
Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por
Muchas cosas hay que el saberlas poco ó nada aprovecha al alma.
Y muy loco es el que en otras cosas entiende sino en las que tocan á la salvación.
Las muchas palabras no hartan al alma; mas la buena vida le da refrigerio, y la pura conciencia cau- sa gran confianza en Dios.
Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gra- vemente serás juzgado si no vivieres santamente.
Por eso no te ensalces por alguna de las artes ó ciencias; mas teme del conocimiento que de ellas se te ha dado.
Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten porcierto quees mucho más lo que ignoras.
No quieras con presunción saber cosas altas; mas confiesa tu ignorancia.
¿Por qué quieres tenerte en más que otro, hallán- dose muchos más doctos y sabios en la ley que tú?
Si quieres saber y aprender algo provechosamen- te, desea que no te conozcan ni te estimen.
4. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección.
Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada.
Si vieres á alguno pecar públicamente ó cometer Culpas graves, no debes juzgarte por mejor, porque no sabes cuánto podiás perseverar en el bien.
Todos somos flacos; mas tú á nadie tengas por más flaco que á ti.
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