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Chapter 7 of 7

Sócrates – Criton – Eutidemo – Dionisodoro – Clinias – Ctésipo · 7

Verdaderamente, Sócrates, no tengo aversión a la ciencia, y con gusto intentaría en ella algún adelanto, pero temo ser del número de aquellos que no se parecen a Eutidemo, y que, como ya lo has dicho, se abochornarían menos de verse refutados, que de refutar a los demás con tales artificios. No es mi ánimo darte consejos, pero no estará fuera de su lugar referirte lo que oí decir a uno que venía de vuestra reunión. Estando paseándome, tropecé con uno de aquellos que pasan por grandes hombres [344] de negocios: ¡Oh Criton! me dijo, ¿has oído a estos filósofos? –No, ¡por Júpiter! le contesté; la excesiva concurrencia me ha impedido aproximarme. –Bien merecen que se les oiga, me respondió. –¿Por qué? le dije. –Son los primeros hombres del mundo en su clase –¿Pero qué te parecen? repuse. –Lo que me parece, respondió, es que sólo se les oye decir bagatelas, y que todo su talento lo emplean en insulseces; estas son sus palabras. –Sin embargo, le dije, ¡es tan apreciable la filosofía! –¿Por qué apreciable? ningún provecho se saca de ella. Y si hubieras presenciado esta polémica, te habrías compadecido de tu amigo, porque es muy ridículo, que haya tomado por maestros a estos sofistas. Sin embargo, toda su ciencia no es más que un juego de palabras, y han renunciado completamente al buen sentido. Cuantos se consagran a esa profesión, pasan la vida entregados a esta clase de sutilezas. A decirte verdad, Criton, la filosofía, como los que se entregan a ella, es un conjunto de frivolidades y ridiculeces. –Yo no encuentro, sin embargo, Sócrates, que ni él ni nadie tengan razón para hablar mal de este estudio, pero no le ha faltado para reprender a los que disputan públicamente con estos extranjeros.

Sócrates

Te aseguro, Criton, que son muy singulares estos hombres; ¿pero quién es ese que encontraste, y que tan mal está con la filosofía? ¿Es alguno que siga la carrera del foro y sobresalga por su elocuencia, o es de los que componen arengas para que otros las pronuncien?

Criton

No, ¡por Júpiter! no es un orador, ni creo que haya hecho nunca defensas en el foro, pero se dice que es muy entendido en el derecho, y que compone excelentes defensas para otros.

Sócrates

Ya entiendo; es uno de los que Prodico colocaba entre [345] la política y la filosofía; se consideran a sí mismos como muy entendidos, y creen pasar por tales en la mente de la mayor parte de los hombres; pero se imaginan que los filósofos impiden que su reputación sea universal. Están persuadidos de que si pudiesen desacreditar y hacer despreciables a los filósofos, entonces gozarían ellos sin rivalidad de una gloria plena y completa. No dudan de la superioridad de su mérito, pero cuando encuentran a ti, a Eutidemo y sus partidarios no dejan de tener cierta aprensión. Se creen los más sabios, porque tienen alguna tintura de la ciencia política y de la filosofía, y en este concepto participan de ambas en lo puramente necesario, y sin correr el azar de las discusiones, cogen tranquilamente los frutos de su sabiduría.

Criton

¿Pero no apruebas lo que dicen? Su discurso tiene, sin embargo, cierto aire de verdad.

Sócrates

Es cierto; hay apariencia pero no solidez en lo que dicen; no hay medio de persuadirles de que todo lo que se encuentra entre el bien y el mal, y está por esto mezclado, es peor a causa del mal y mejor a causa del bien; que dos bienes unidos y que no tienden al mismo fin se estorban recíprocamente para llegar al término que cada uno de ellos se propone; que por la misma razón, la mezcla de dos males contrarios corrige su malignidad; de suerte que si la filosofía es una cosa buena y lo es también la ciencia política, y ambas tienen fines diferentes, los que participan de la una y de la otra y están entre las dos, no son tan buenos como los filósofos, ni tan buenos como los políticos; y que si la filosofía es un bien y la política un mal, serán mejores que los primeros, y peores que los segundos; y que si son dos males, entonces de lleno tendrán razón, y sólo así pueden tenerla. Pero no creo, que pretendan, que la filosofía y la ciencia política sean dos [346] males, ni que la una sea un mal y la otra un bien. Estos semi-políticos y semi-filósofos no pueden tomar asiento sino después de los filósofos y de los políticos, y sin embargo, aquellos se colocan por cima de estos. Es preciso, sin duda ser indulgentes con su vanidad, sin concederles, sin embargo, el rango que no merecen tener porque debe apreciarse a todos aquellos que se esfuerzan en cultivar todo lo que es racional, y que trabajan con ardor para conseguirlo.

Criton

Por lo demás, Sócrates, como ya te he dicho, me inquieta y me preocupa mucho la educación de mis hijos; el más joven aún no está en edad, pero Critóbulo, que es el mayor, es ya grande y tiene necesidad de un preceptor que le forme el espíritu. Todas las veces que converso contigo sobre este objeto, quedo persuadido de que es una gran locura desatender su educación, y no pensar más que en casarles con jóvenes ricas y de familias distinguidas. Por otra parte, cuando considero los que hacen profesión de educar a la juventud, si he de decirte la verdad, me aterran, porque me parecen tan indignos como incapaces. Así es, que yo no veo la razón, que pueda obligarme a dedicar mi hijo al estudio de la filosofía.

Sócrates

¡Oh mi querido Criton! ¿No sabes que el Mundo está lleno de gentes que ignoran el oficio de que hacen profesión? ¿Que hay muy pocos que lo sepan, y que merezcan que se haga caso de ellos? ¿No estimas la ciencia económica, la retórica, el arte militar?

Criton

Seguramente, las estimo.

Sócrates

¡Sin embargo, cuántos, entre los que enseñan estas ciencias, te parecerán realmente ridículos! [347]

Criton

¡Por Júpiter! dices la verdad.

Sócrates

Y bien, visto esto, ¿te separarás tú y separarás a tus hijos de todas estas ocupaciones?

Criton

Creo que obraría mal.

Sócrates

No lo hagas, Criton. No mires, si los que son profesores de filosofía son buenos o malos, sino fíjate en la filosofía misma. Si la juzgas mala, separa, no sólo a tus hijos, sino también al resto de los hombres; si la encuentras tal como a mí mismo me ha parecido siempre, aplicaos a ella tú y tus hijos con todas vuestras fuerzas.

{Obras completas de Platón, por Patricio de Azcárate,tomo tercero, Madrid 1871, páginas 303-347.}

Facsímil del original impreso de esta edición de Eutidemo

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