Chapter 23 of 39
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Teetetes. -Sí.
Extranjero. -No dicen también que el alma se hace justa mediante la presencia y la posesión de la justicia, y que se hace lo contrario, a causa de la presencia de lo contrario?
Teetetes. -Sí, también lo dicen.
Extranjero. –Pero, lo que puede estar presente o ausente, en alguna parte, necesariamente es algo.
Teetetes. -Convienen en ello.
Extranjero.-Por consiguiente, si la justicia, la sabiduría, y las demás virtudes, y las contrarias existen, si el alma, en la que se encuentran, existe, pregunto ¿qué es lo que dicen nuestros filósofos? Alguna de estas cosas, ¿es visible y tangible, o son todas invisibles?
Teetetes. -Sin duda, ninguna es visible.
Extranjero. -¿Pero qué? ¿Piensan que alguna de estas cosas tiene cuerpo?
Teetetes. -En este punto, no se limitan a una sola respuesta. Con respesto al alma, les parece que posee un cuerpo. En cuanto a la sabiduría y demás virtudes, objeto de tus preguntas, experimentan algún embarazo, y no se atreven a confesar que no forman parte de los seres, ni a afirmar que son cuerpos.
Extranjero. -Es claro, mi querido Teetetes, que esas gentes se han hecho ya más accesibles; porque aquellos, de entre ellos, que han sido verdaderamente sembrados y han nacido de la tierra, todo les importaría poco, y sostendrían que aquello que no pueden coger, con sus manos, no existe absolutamente.
Teetetes. -Dices poco más o menos lo que ellos piensan.
Extranjero. -Continuemos, pues, interrogándoles; porque, como convengan en que existe algún SER incorporal, por pequeño que sea, nos basta. En efecto, será preciso que definan lo que se encuentra, a la vez y naturalmente, en los seres incorpóreos y en los que tienen cuerpo, y que les obliga a decir, de los unos y de los otros, que existen. Quizá se verán embarazados, y si tal sucede, mira sí consentirán en admitir que el SER es esto.
Teetetes. -¿Qué? Habla, sepamos a qué atenernos.
Extranjero. -Digo que toda cosa que posee una fuerza, sea para realizar naturalmente una acción cualquiera, sea para sufrirla, aunque sea la más pequeña, y en la cosa más miserable, y aunque sea por una sola vez, semejante fuerza es real, es positiva. Defino, pues, el SER, diciendo que no es más, ni menos, que la fuerza.
Teetetes. -No teniendo a mano, por el momento, otra definición mejor, ellos aceptan ésta.
Extranjero. -Bien. Más tarde, quizá, pensaremos de diferente manera, lo mismo ellos que nosotros. Al presente tengamos esto por concedido.
Teetetes. -Tengámoslo.
Extranjero. –Dirijámonos, ahora, a los partidarios de las IDEAS. Continúa siendo su intérprete para con nosotros.
Teetetes. -Conforme.
Extranjero. -La generación y el SER son dos cosas distintas. ¿No es así?
Teetetes. -Sí.
Extranjero. -Por el cuerpo, y mediante los sentidos, nos comunicamos con la generación, y por el alma, por medio de la razón, nos ponemos en relación con el SER, verdaderamente SER, el cual es siempre semejante a sí mismo, según lo aseguráis; al paso que la generación siempre es diferente.
Teetetes. -Eso decimos precisamente.
Extranjero. -Pero ¿esta comunicación es, excelentes amigos, como la concebís en estos dos casos? ¿Es de la manera que decíamos?
Teetetes. -¿De qué manera?
Extranjero. -Como la pasión o 1ª acción, de cierta fuerza resultante de la relación de un objeto con otro. Pero, puede suceder, mi querido Teetetes, que no entiendas bien su pensamiento sobre este punto, y que yo, más acostumbrado, lo entienda mejor.
Teetetes. -¿Qué dices?
Extranjero. -No nos conceden lo que le hemos sentado hace un instante, contra los hijos de la tierra, en punto al SER.
Teetetes. -¿Cómo?
Extranjero. -Hemos creído definir exactamente los seres por el poder activo y pasivo que ejercen, por pequeño que sea.
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