Chapter 15 of 27
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¿Cuáles son las materias en que más fácilmente podemos extraviarnos, y en las que la retórica tiene la mayor influencia?
Fedro
Evidentemente en las cosas inciertas y dudosas.
Sócrates
El que se propone abordar el arte oratorio, deberá haber hecho antes metódicamente esta distinción, y haber aprendido a distinguir, según sus carácteres diferentes, las cosas sobre las que fluctúa naturalmente la opinión del vulgo, y sobre las que la duda es imposible.
Fedro
El que sepa hacer esta distinción será un hombre hábil.
Sócrates
Hecho esto, yo creo que antes de tratar un objeto particular, debe ver con ojo penetrante, y evitando toda confusión, a qué especie pertenece este objeto. [320]
Fedro
Sin duda.
Sócrates
Y el amor, ¿es de las cosas sujetas a disputa o no?
Fedro
Es de las cosas disputables, seguramente. De no ser así, ¿hubieras podido hablar como hablaste, sosteniendo tan pronto que el amor es un mal para el amante y para el objeto amado, como que es el más grande de los bienes?
Sócrates
Perfectamente. Pero dime, (porque en el furor divino que me poseía he perdido el recuerdo), ¿comencé mi discurso definiendo el amor?
Fedro
¡Por Júpiter! sí; no pudo ser mejor la definición.
Sócrates
¿Qué dices?, las ninfas hijas de Aqueloo y Pan, hijo de Hermes{19}, ¿son más hábiles en el arte de la palabra que Lisias, hijo de Céfalo?, o bien yo me engaño, y Lisias, comenzando su discurso sobre el amor, nos ha precisado a aceptar una definición, a la que ha referido todo el trabazón de su discurso y la conclusión misma? ¿Quieres que volvamos a leer el principio?
Fedro
Como quieras. Sin embargo, lo que buscas no se halla allí.
Sócrates
Lee sin parar. Quiero oírle no obstante.
Fedro
«Conoces todos mis sentimientos, y sabes que miro la realización de mis deseos como provechosa a [321] ambos. No seria justo rechazar mis votos, porque no soy tu amante. Porque los amantes, apenas se ven satisfechos, cuando sienten ya todo lo que han hecho por el objeto de su pasión.»
Sócrates
Estamos muy distantes de encontrar lo que buscábamos. No comienza por el principio, sino por el fin, como un hombre que nada de espaldas contra la corriente. El amante, que se dirige a la persona que ama, ¿no comienza por dónde debería concluir, o me engaño yo, Fedro, mi muy querido amigo?
Fedro
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